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Puebla > Cultura
miércoles 16 de agosto de 2006

El pueblo de Santa María Acuexcomac celebra su fiesta patronal

Juan Pablo Ramos Monzón


Al fondo de la iglesia, un altar que fue montado especialmente para la celebración tiene dos esculturas de la virgen; de sus ropas penden collares y anillos que han dejado los fieles en muestra de su agradecimiento n Foto: Abraham Paredes

El pueblo está de fiesta. El 15 de agosto en Santa María Acuexcomac se celebra la asunción de la virgen María. La danza, la música de banda y por supuesto la muestra gastronómica que se ofrece en cada una de las casas durarán hasta el próximo lunes.

Los pobladores se han organizado en la forma ya acostumbrada. Dos fiscales delegan las responsabilidades a los 10 comisionados que tienen a su cargo. Todos son del pueblo. El templo de la virgen de la Asunción demuestra el trabajo de cooperación que se realiza en el poblado. Su altar está tapizado de crisantemos y casablancas, lo mismo que los nichos de los santos y los marcos de las puertas. No queda un sólo lugar que no tenga una flor blanca.

Desde las primeras horas de la mañana, la gente arriba al templo para pedir o agradecer un milagro a la virgen. Al fondo de la iglesia, un altar que fue montado especialmente para la celebración tiene dos esculturas de la virgen; de sus ropas penden collares y anillos que han dejado los fieles en muestra de su agradecimiento. También se ven billetes de 500 pesos y algunos dólares de los que trabajan “del otro lado”.

Cada vez que una persona pasa por el altar, uno de los comisionados, encargados de guardar el orden en el templo, le regala una fruta, pues como cuenta el señor Santos Linares Tiro, el día que la virgen subió al cielo dejó el ambiente impregnado de un aroma frutal. Es por ello que las principales ofrendas son las uvas, las manzanas y las guayabas.

Moros contra cristianos

Son las 12 horas, y el sol deja caer sus rayos en total verticalidad contra el suelo del atrio. Ahí, los puestos de nieve y de chocolate alzado con molinillo esperan la llegada de la danza de los 12 pares de franceses. 15 minutos antes de la 1 de la tarde, los cohetones presagian su llegada. La banda se escucha cada vez más cerca.

Esta danza narra el encuentro “entre el bien y el mal”, protagonizada por los moros, quienes son considerados “los malos”, y los cristianos, quienes representan “el bien”. Los primeros obedecen los mandatos de Balam, Mahoma y Polin; mientras los segundos rinden sus servicios a Carlomagno.

Con machete en mano y una capa adornada de lentejuela que atavia sus espaldas, los jóvenes de Santa María Acuexcomac bailan casi una hora sin descanso, a manera de introducción de la historia que más adelante contarán.

Al centro del patio, Miguel Cuatencos, principal organizador de este baile tradicional y director de la ceremonia, dirige unas palabras a sus coterráneos dándoles la bienvenida a la fiesta más importante de la población.

Luego, los jóvenes comienzan a decir las líneas que les corresponden para contar la historia de la épica batalla. Todas son dichas en verso y con una tonada, entre hablada y cantada, muy peculiar. Una vez que cada bando termina su parte del diálogo, comienza la lucha al ritmo del sonido que los machetes producen al chocar contra el suelo y contra los del otro bando.

Acuexcomac, globalizado

Entre los que se acercan a la danza se pueden ver personas mayores, de la tercera edad; también niños que corren con máscaras de Chucky y jóvenes con playeras de algún equipo de basquetbol. Cada vez que la banda que ameniza el baile termina de tocar, alterna entonando alguna pieza de las grandes bandas estadounidenses. Y es que la migración comienza a hacerse visible en esta zona del estado de Puebla, no sólo en la ausencia de sus habitantes que cruzan la frontera para trabajar, sino en las formas de expresión, como la vestimenta y los graffitis pintados en las bardas con claros mensajes como “somos mexicanos trabajadores, no delincuentes”.

Donde come uno comen dos

Platos de arroz servidos con una guarnición de rajas, aguacate y queso se sirven como entrada para después disfrutar del mole con pollo. Y así como en la casa del señor Álvaro Arena Figueroa se atienden invitados durante todo el día, casi todas las viviendas abren sus puertas para celebrar la fiesta más representativa de su pueblo, la asunción de la virgen María.

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