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lunes 17 de abril de 2006

TAUROMAQUIA

Curro Leal: volver a empezar

Alcalino

Del más reciente organigrama futbolero –del cual son triste ejemplo Lapuente y su América– ha traído Rafael Herrerías la novedad que ahora quiere imponerle desde la capital a la fiesta de toros: la del poder tras el trono. Es decir, un gerente general con poco desgaste, colocado por encima de otro, en funciones de operador a sueldo: lo mismo que él fue y que ahora estará repartido entre Curro Leal y Chilolo. Si Alemán Magnani se lo tolera será porque el PRI está requiriendo gente como Herrerías para urgentes –cuanto inútiles– labores de mapacheo.

Malos antecedentes. Víctor Manuel “Curro” Leal ya conoce el oficio, pues cuando Televisa tomó la plaza fue el primero en quien se fijó. Cuidado tuvo entonces el consorcio de ponerle a Aurelio Pérez como consejero áulico, y el caso es que entre ambos dejarían caer el negocio desde los llenos casi completos del primer año (recuerdo la 2» corrida de 1990-91, con Morenito de Maracay, César Pastor, El Yeyo y ganado de Campo Alegre: un cartelito de nada y la plaza reventando de público) hasta las medias entradas finales del ejercicio 92-93, que sin embargo harían hoy suspirar de felicidad a Herrerías y sus valedores, artífices indiscutidos de la gran novedad de este flamante siglo XXI: los festejos a plaza vacía.

Del apoyo al rechazo. La actual indiferencia hacia la fiesta en una ciudad enamorada por siglos de la misma se explica por un rápido proceso degenerativo de cuya primera etapa es sin duda responsable la aludida dupla Pérez-Leal, cuya mitad sobreviviente vuelve ahora al despacho de la México. Curro Leal recibió la plaza tras la operaciónrescate urdida por el regente Camacho Solís a principios de 1989, luego de hacer a un lado a Alfonso Gaona. Lo que fue llamada corrida de reinauguración (29-V-89, tarde consagratoria para David Silveti) la organizaron Chucho Arroyo y Joselito Huerta por encomienda del entonces Departamento del DF, que sostendría a Arroyo como cabeza de su Patronato durante el verano novilleril de ese año –revivió con gran éxito los Jueves Taurinos–, y a través de una larga temporada 1989-90, que empezó triunfalmente y concluyó a los tumbos, evidenciando la incompetencia del restaurantero. De cualquier manera, dejaría como herencia muy explotable a Televisa –tan hábil siempre para oler el dinero– el encumbramiento de Jorge Gutiérrez, la recuperación de Mariano Ramos y Curro Rivera, y la revelación de Guillermo Capetillo, artista casi desconocido pese a sus años de alternativa, más la latente promesa de David, frenado ya por múltiples lesiones. Cuando se liquidó al Patronato y se anunció a la nueva empresa, dos reacciones encontradas la saludaron: una veía en la televisión un factor de reposicionamiento para la fiesta; la otra anticipaba el desastre derivado de la inmensa capacidad de Azcárraga y socios para hacer garras todo lo que oliese a cultura, da igual si popular o elitista. El tiempo daría la razón a los segundos.

De más a menos. A favor de una fiesta revalorada y un público ávido, Leal tuvo un fulgurante comienzo como empresario. Había seriedad en el ganado, y alguna corrida terciada en tarde de figuras se tapó con triunfos de altura –como la de Fernando de la Mora para la reaparición estelar de David y la gran faena de Miguel a “Flor India” (12-XII-90)–. La temporada alcanzó su cima el 27 de enero, con la salida en hombros de Mariano, David y Gutiérrez, y culminó con varios manos a mano entre triunfadores que confirmarían a Jorge como el amo del cotarro. Pero Arruza, Manzanares, Miguel y Capetillo también rayaron a buena altura aquel invierno, poco venturoso en cambio para Eloy. Y redondo para la empresa que, con mayoría de carteles fuertes, salió casi a lleno por tarde.

Las cosas empezaron a cambiar a partir del año siguiente, pese a que de 24 corridas se pasó a 27. Impresentables novilladas de Teófilo y De Santiago en los principios de la campaña empezaron a minar la confianza de la gente, y una dura cornada a Gutiérrez dejó aislado el recuerdo de triunfos sin la necesaria contundencia de Capetillo y César Rincón. Con ganado grande sólo para toreros modestos, la frustración empezaba a campear. Aunque la plaza seguía muy concurrida y se vieron buenas faenas de Capea, Miguel, Jorge, Ortega Cano, Joselito y hasta Mauricio Portillo. El salmantino y el de Aguascalientes cerraron esa campaña mano a mano, sin triunfos mayores, pero ante un lleno imponente. Ese verano hubo corridas de selección en noches de jueves (cornada gravísima a Jorge Carmona). Y nadie habló de cancelar la temporada chica, aberración habitual en tiempos de Herrerías.

Desairado adiós. Siempre a menos, las cosas acabaron de torcerse para Leal en su tercera y última temporada mayor (21 corridas). Aunque visto desde la taquilla, aquello sería el paraíso en comparación con la época actual. Lo mejor del 92-93 corrió a cargo de Mariano –gran baño a Manzanares con josejulianes–, si bien Capea, Miguel y Jorge, con irregularidades, mantuvieron su cartel. Ponce debutó, cayó herido y la temporada, dominada ya por el medio toro, languideció. Al final Televisa, aduciendo reestructuración económica, salió huyendo con todo y gerentes. Aunque nunca se sabrá hasta qué punto, porque la estafeta la mantendría bajo su control Miguel Alemán III. Como hasta el día de hoy.

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