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lunes 17 de abril de 2006 |
SEMANÁLISISDesconéctese ustedHoracio ReibaEn un país dividido, donde lo único que nos une es la conciencia de haber sido reiteradamente engañados, poco tiene de extraño que la mentira se siga interponiendo entre nosotros y la realidad, entre el individuo y su vida. Quienes, por ejemplo, impugnamos la ley Televisa, estamos entre otras cosas convencidos de que existe y sería perfectamente registrable una evolución perversa en las relaciones de la televisión con el poder, y por lo tanto en la capacidad manipuladora del popular medio, capacidad que ha ido creciendo a medida que disminuye el control político sobre los oligopolios televisivos, que si antes eran una suerte de apéndice gubernamental, hoy se asumen y operan claramente por encima del gobierno, al que miden, retan y esquilman a su antojo (excepto las televisoras estatales, con su abyecta sumisión a la autoridad en turno como patética y pueblerina réplica de lo que en otro tiempo ocurría en “proyección nacional”). Habrá, pues, que desarrollar anticuerpos vigorosos contra ese poder libre ya de ataduras y reglas sociales, tan dispuesto a llevarnos hacia el despeñadero de sus intereses –primordialmente monetarios, pero también y por lo mismo, ideológicos– con cualquier pretexto a la mano. Que si La Academia, que si las elecciones, que si la selección... Cuauhtémoc, claro. Hablando de dividir, qué tal la exclusión de Temo por Lavolpe como asunto de supremo interés público. En plena degradación del sentido soberano y solidario de la verdadera manifestación callejera, qué tal una marcha promovida por las porras “oficiales” del americanismo en desagravio y apoyo al ídolo postergado. Y todo debidamente orquestado durante horasaire interminables por el llanto de una madre, la posible traición de un amigo, la crucifixión simbólica del mesías que iba a redimirnos en Alemania de la medianía de los octavos de final, purgatorio al que, huérfanos de Cuahu por culpa de un Judas argentino, parecemos irremediablemente condenados. Tras la trama de esta apasionante telenovela (La apocalipsis del águila que cae) desapareció automáticamente cualquier juicio sensato acerca de la pésima forma actual de quien, siendo nuestro futbolista mejor dotado, resulta dudoso esté apto para jugar un Mundial, ahora que más que a su profesión y al América lo vemos dedicado a atender personalmente los bares que posee en sociedad con Rafael Herrerías, otro sórdido personaje, infiltrado en el futbol como resultado de una decisión política de los señores Alemán, para quienes opera en calidad de testaferro. Incapaz de responder en la cancha, que es el espacio natural donde un futbolista se gana su lugar en el Tri, Cuahutémoc dejó de ser un tema estrictamente deportivo para pasar a formar parte de la estrategia de ventas encaminada a calentar el Mundial anticipadamente. Allá usted si se engancha a éste y los sucesivos anzuelos que irán apareciendo sin descanso tras el señuelo de más novedades, personajes, declaraciones, lesiones, dudas y veras ligadas al magno e inminente evento. Recuerde, antes de caer en el garlito, que los consorcios televisivos van por todo –como ya demostró el fast track a la ley Televisa–, y que su objetivo es obtener un rendimiento económico sin precedentes de un Mundial del cual van a ofrecernos menos partidos que nunca. Por supuesto, a Semanálisis le interesa seguirlo desde muy cerca. Pero no como moda, sino a modo de diálogo con el lector inteligente. Con él nuestra responsabilidad y para él nuestro trabajo. Barça-Milán. Sin menospreciar la otra semifinal (Arsenal-Villarreal: en juego la estética africana –vía Francia– contra la sudamericana –vía Buenos Aires–), el duelo del miércoles en el Camp Nou acapara expectativas y promete enormidades: es el duelo de colosos, la final anticipada, el encuentro simbólico entre una lírica poderosa y un pragmatismo de miedo. Se trata, antes del mundial, del partido del año. Y el equipo del bufón Berlusconi llega a él revalorado por su victoria del viernes en el derby del San Siro, y por el rastro de autoridad que dejó su duelo con los franceses del Lyon, cuya aura de equipo importante quedó pulverizada en seis minutos, los finales de un encuentro pacientemente abordado por Pirlo y Kaká, e implacablemente resuelto por Inzaghi y Shevchenko con el sostén atrás de Seedorf –como medio escoba– o los incombustibles Maldini y Costacurta en la cueva, un lugar donde seguramente estarán de vuelta los titulares Nesta y Stam pasado mañana. Así de formidable es el desafío que deberá superar el Barsa para hacer bueno el esperanzador pronóstico de principios de año. Pero asalta una duda: si bien Ronaldinho será de la partida, Messi no está para reaparecer, cosa que sí hará Márquez, con todo el handicap que supone hacerlo precisamente contra el Milán tras mes y medio de ausencia forzosa. Y si bien el brasileño es el más grande, y Rafa representa para los blaugrana su mejor garantía de equilibrio, el juvenil argentino venía siendo precisamente su fuerza desequilibrante por excelencia, el directo responsable del memorable asalto al Stamford Bridge que puso fuera al Chelsea. Duelo grande, en todo caso. Que el Milán abordará desde una cautela engañosa, y el Barcelona del único modo que conoce: atesorando el balón y hacia delante siempre, sin prisa pero sin pausa. |