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miércoles 22 de febrero de 2006 |
Para salir chingón en el carnaval de Huejotzingo hay que soltar muchos billetes de a milLesly Mellado May
“El que quiere salir chingón en el carnaval de Huejotzingo, tiene que desembolsar sus billetitos de mil pesos, unos siete, 10, hasta 30”. Todo –cuentan en el pueblo– tiene que ver con la modernidad porque ahora los trajes son bordados a mano, con harta chaquira, perla, raso y muchos brillitos. La austeridad permanece en el exilio hace una década, quizá dos. Los trajes con tiras doradas angostas y discretos bordados a máquina son cosa del pasado. Cuando a los hombres les empezó a ir bien, a unos con la sidra y a otros en Estados Unidos, dejaron la lentejuela y las telas de algodón, y cada vez más, cada año más, derrochan lujo en sus ropas de suavos, zapadores, zacapoaxtlas, indios y turcos. Aquí en Huejotzingo ya hay mucha modernidad, dicen una y otra vez los lugareños cuando hablan sobre su carnaval, los mosquetones, la pólvora, la música y los quemados, pero sobre todo la emoción de andar brincoteando. Modernidad es la palabra clave en todas las conversaciones. Modernidad atraída por el dinero para tener mejores trajes. Modernidad que llegará porque pronto habrá un bulevar que los llevará más rápido a Cholula y Puebla, según rezan mantas que apoyan el proyecto. Modernidad porque este año la autoridad recogerá los rifles de los ebrios para seguridad de todos, así también dicen las mantas colgadas en la plaza central. Al bulevar de Cholula a Huejotzingo ya le falta poquito. Llega hasta Santa María Zacatepec, pero ya están haciendo el distribuidor vial en la entrada hacia el aeropuerto y el resto del camino hacia Huejotzingo ya está marcado: buena parte de los árboles talados y mantas con frases como: “los dueños de esta cuadra sí queremos el bulevar”. Pero en estos días la polémica está fuera. El domingo empieza el carnaval con el robo de la dama, y el alcohol, la comida, la música y el baile unificarán al pueblo. En el mes de enero empezó la convocatoria: los domingos salen unos cuantos enmascarados con su banda de música para animar a los paisanos. Y comienza entonces el desfile hacia los talleres donde elaboran los trajes, máscaras, sombreros y expendios de zapatos. Hilvanando tradiciónLos molinos de Huejotzingo trabajan duro. La fiesta empieza el próximo domingo y hay que tener listo el mole y el maíz para las tortillas porque en las casas de los generales de batallón habrá comida para unas mil personas. Y mientras unas mujeres tuestan chiles y preparan los animales para el jolgorio, otras están hilvanando con hilos multicolores la tradición. Desde hace unos días en la plaza central hay cinco trajes de carnaval colgados. La familia justo los rifa para obtener fondos y pagar los gastos de su Batallón Central de Zacapoaxtlas. Domingo Justo es el patriarca. Mientras su camioneta se aleja del zócalo, se entiende la multicitada modernidad. La arquitectura vernácula se extingue y en su lugar se erigen casas de block, de dos pisos, con marcos de aluminio, vidrios polarizados y zaguanes de colores vistosos. Eso los que tienen para lujo. El resto ha construido cuartos aún sin revoque, con puertas y ventanas de hierro, tienen plásticos en lugar de cristales, pero están en camino a la modernidad. Al entrar a la casa de Domingo los sentidos se saturan de color: hilos, telas, chaquira, lentejuela, listones, encajes, canutillo, telas, sombrerosÉ ahí están las mujeres Justo: Marilú y Guadalupe, las mayores; Rocío, la menor. Son las que en ese momento trabajaban en el taller, con las máquinas y la plancha. Espacio que durante seis meses es de constante trabajo, porque hay gente que apenas termina el carnaval, antes de que el buen ánimo se extinga, encarga su ropa para el siguiente año. En medio año, las mujeres elaboran unos 200 trajes para el carnaval. Lo hacen todo desde las nagŸillas (pantalones plisados) hasta los talines (bandas de chaquira que se usan a manera de cananas cruzadas) y los gazne. Las manos de la docena de mujeres que ahí trabajan nunca paran. Para hacer un gazne, invierten hasta un mes porque el bordado con hilo seda es a mano y los hacen tupiditos de chaquira. En tanto que para tener el par de talines, la aguja y el hilo danzan por la tela durante un mes. Orgullosas de su trabajo cuentan que en la “anterioridad”, los trajes para el carnaval eran muy sencillos, con telas de algodón o sintéticas, y pintura en lugar de bordados o bien bordados a mano, pero como que medios feos. “Pero todo se modernizó, hace como 10 años empezaron a pedir trajes más vistosos, con bordados a mano y encajes más lujosos, además de que ya hay otros materiales más brillosos y con colores más bonitos”. Los diseños también cambiaron. Ahora las ropas llevan bordados de voluptuosas mujeres con trajes prehispánicos, algunas sin sostén, todas con curvas envidiables y rostros perfectos enmarcados por penachos de plumas. Los clientes también gustan de llevar reproducciones de la piedra del sol y el emperador Cuauhtémoc. El gusto y el precioEl precio de los trajes va en función del gusto y el bolsillo. Hay quien llega a pagar hasta 30 mil pesos por un conjunto de Zacapoaxtla, el disfraz más caro. Ese lleva cotón de gamucina con perla y bordados en chaquira, talines con chaquiras que forman grecas, y caja de madera para guardar la pólvora. De menor precio es el de zapador, entre 10 y 17 mil pesos, lleva chaquetín de raso adornado con flequillo de canutillo, gazne bordado con chaquira, pantalón rojo y talines de chaquira. Los turcos y suavos están en el mismo nivel, entre 10 y 15 mil pesos. El traje de los turcos es un saco azul, nagŸilla blanca, turbante y zapatillas doradas “de sultán” (hechas por encargo en San Mateo Atenco). En tanto que los suavos llevan nagŸilla roja plisada con chaquetín azul. Piezas también bordadas con hilo de seda y chaquira. El más barato de todos es el atuendo del indio (mixteco o serrano), unos 7 mil pesos que vale el cotón negro bordado y el pantalón blanco de algodón adornado con encajes. Todo es muy caro, pero en Huejotzingo la gente ve de dónde saca para el carnaval, vende un animal o pide prestado, todo con tal de llevar un lujoso atuendo que bien puede ir modificando año con año, o estrenarlo por el gusto de regresar tras la aventura en Estados Unidos. Y al traje hay que sumarle la máscara, el sombrero, la pólvora
y la música, porque las buenas bandas llegan a cobrar hasta 60
mil pesos por los cuatro días de carnaval. Estas bandas ya son
modernas, tocan sones tradicionales y otras canciones nuevas. Los músicos
se modernizaron como los diseños de los trajes y las mujeres de
Huejotzingo: de cada 100 elementos en los batallones, hay unas 30 mujeres
con disfraces varoniles. Las mujeres ya no se limitan a hacer la comida
para la fiesta, ni a bordar los trajes, ahora ellas se los ponen, porque
también a ellas les llegó la modernidad. |
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