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lunes 20 de febrero de 2006

Marín, como Gonzalo Bautista, recurre a marchas para hacer frente a crisis: García

Ignacio Juárez Galindo

Así como el derrocado ex gobernador Gonzalo Bautista O’Farrill recurrió a los desplegados de prensa, las marchas y los mítines en los momentos políticos y sociales más difíciles de su gobierno para demostrar poderío y fortaleza, ahora el gobernador Mario Marín Torres utiliza la misma estrategia para hacer frente al escándalo por la conjura con el empresario libanés Kamel Nacif Borge para encarcelar a la periodista Lydia Cacho.

De hecho, Mario Marín es un descendiente directo de la línea autoritaria y caciquil de los ex gobernadores Antonio Nava Castillo y Gonzalo Bautista; es una expresión y heredero del viejo PRI que organiza sus marchas y carteles de apoyo. Lo anterior fue dado a conocer por Jaime García Barrera, ex director de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla y uno de los actores más importantes del movimiento universitario de las décadas de los 60 y 70 de la UAP.

A decir del reconocido economista, a diferencia de Gonzalo Bautista o Antonio Nava que dejaron el poder y siguieron haciendo de las suyas al amparo del poder que los protegió, el actual gobernador no sólo debe renunciar al Poder Ejecutivo local, sino también ser encarcelado “para que nunca se nos olvide que en Puebla, el movimiento popular y social no tolera gobierno autoritarios”.

El pasado, hoy

En la historia de la entidad, Gonzalo Bautista O’Farrill fue el último gobernante que recurrió a organizar marchas y mítines de autoapoyo y hasta publicar desplegados en la prensa nacional para hacer frente a una crisis política y social. Para lograr sus objetivos –algo parecido a lo que ahora realiza Mario Marín–, el entonces gobernador se valió lo mismo de centrales obreras priistas, el comité estatal del PRI y el aparato estatal.

De igual forma, contó con el amplio respaldo de la iglesia católica y formó un grupo de apoyo incondicional, conocido como el Comité Coordinador Permanente de la Ciudadanía Poblana, integrado por un grupo de empresarios ultraconservadores como Gerardo Pellico AgŸeros, Ricardo Villa Escalera, Aberlardo Sánchez, Francisco Bernat, Eduardo García Suárez, entre otros, líderes de las organizaciones empresariales locales.

La crisis políticosocial que puso en jaque al gobierno del Bautista O’Farrill surgió a raíz del triunfo de la corriente comunista y liberal en la UAP –conocida como Los Carolinos– que logró desplazar al Frente Comunista Universitario, además del amplio respaldo que tuvo de organizaciones obreras, ciudadanas y campesinas independientes. Asimismo, influyó la escalada de violencia y presiones iniciadas por el propio aparato estatal y el sector universitario de la ultraderecha poblana.

Con la sospecha a cuestas de haber fraguado el asesinato del ex director de la preparatoria nocturna Benito Juárez, de la UAP, Júel Arriaga Navarro, ocurrida el 23 de julio de 1972, el mandatario priista protagonizó una mega concentración en el zócalo de la ciudad, en la que participaron unas 100 mil personas, el 18 de octubre de ese año. La movilización fue convocada por el Comité Coordinador.

La concentración también respondió a la unión de los grupos más reaccionarios de la derecha poblana y al endurecimiento de la política gubernamental, las cuales pretendían “frenar el proceso de reforma de la UAP e impedir el desarrollo del movimiento popular que gira alrededor de éste”, relata Humberto Sotelo, en su libro 1972-1973, Puebla de los demonios.

En la multitudinaria reunión, abunda Sotelo, Gonzalo Bautista ordenó al procurador general de Justicia en la entidad, Raymundo Zamudio Muñoz, aprehender al rector de la UAP de esa época, Sergio Flores Suárez, al director de la escuela de Física, Luis Rivera Terrazas, al jefe del departamento de Extensión Universitaria y Servicio Social, al director de la preparatoria popular, Alfonso Vélez Pliego, al académico Jaime Ornelas y otros dirigentes universitarios.

Para el 18 de octubre de 1972, el comité coordinador y centrales obreras del PRI publicaron un desplegado en el que exigen a Bautista “reprimir toda clase de infiltraciones de supuestos guerrilleros en los centros de estudio, impidiendo el uso de drogas, y castigando a los propagadores de ese desquiciamiento moral, físico e intelectual”, cita Sotelo en su libro.

De acuerdo con fuentes consultadas, en el mitin de apoyo a Gonzalo Bautista en octubre de 1972 participó Melquiades Morales Flores, a la postre presidente del Congreso del estado. La anécdota refiere que el ahora ex gobernador de Puebla estaba en la primera fila junto con Gonzalo Bautista, otros funcionarios estatales y empresarios, cuando un representante de Luis Echeverría le pidió pasara a la parte posterior, pues el destino de los principales organizadores estaba marcado. Medio año después, el Ejecutivo local fue echado del Palacio de Gobierno.

En diciembre de 1972, Enrique Cabrera fue asesinado, presuntamente por indicaciones de Bautista O’Farrill. Posteriormente, el primero de mayo de 1973, un grupo de francotiradores del gobierno del estado dieron muerte a otros cinco universitarios, entre los que estaba Alfonso Calderón Moreno. En abril de 1973, Gonzalo Bautista se vio obligado a renunciar al gobierno del estado por órdenes del presidente Luis Echeverría.

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