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lunes 20 de febrero de 2006

Marín se niega a hablar con los medios después de encabezar un acto de la CNC

Martín Hernández Alcántara

Guaruras del gobernador Mario Marín Torres impidieron ayer que reporteros se le acercaran para entrevistarlo y prácticamente les cerraron en las narices las puertas del Auditorio de la Reforma, dejando atrás incluso al jefe de prensa, Javier Luna, mientras el mandatario poblano subía presuroso a su camioneta.


Terminada su arenga, el acto se dio por concluido, y entonces un grupo de periodistas pretendió entrevistar a Mario Marín Torres, pero éste los evadió n Foto: José Castañares

Los hechos sucedieron después de que el titular del Ejecutivo asistió como invitado de honor al informe de labores de María Cecilia Hernández Ríos, secretaria general de la Confederación Nacional Campesina, acto en el que Marín no hizo ninguna mención sobre los nexos que fueron descubiertos con el empresario Kamel Nacif Borge, a partir de la publicación de sus conversaciones telefónicas con éste, en los días del encierro de la periodista Lydia Cacho Ribeiro.

El mandatario pronunció un discuro: habló de los logros de su administración y prometió mejoras de todo tipo para los labriegos afiliados al tricolor.

Terminada su arenga, el acto se dio por concluido, y entonces un grupo de periodistas pretendió entrevistar a Marín, pero éste los evadió, abandonando el recinto por el túnel de acceso contiguo al escenario. Un piquete reporteril lo persiguió, pero los guardaespaldas cerraron violentamente las puertas, dejando a la deriva también al jefe de prensa del gobierno estatal, Javier Luna, según el mismo confesó en una rueda de prensa posterior a la que acompañó a su jefe, el vocero oficial, Valentín Meneses Rojas.

En el lugar se quedó el actual presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Juan Manuel Vega Rayet, quien reiteró el respaldo de los militantes de ese partido al mandatario, pese a que fue severamente cuestionado por los representantes de los medios de comunicación.

La marcha

El viernes pasado, el instituto tricolor organizó una “marcha de desagravio” al mandatario estatal. A mitad del contingente que desfiló por el zócalo de la ciudad durante tres horas y media, apareció una enorme manta que rezaba: “Mi gober precioso, el pueblo está contigo”. Pero fueron las consignas, debidamente aleccionadas a los manifestantes, las que brindaron la estampa exacta del talante que tuvo la marcha: “¡Marín, seguro, a los periodistas dales duro!” o “¡Televisa y La Jornada, se van a la chingada!”.

Las llamadas “fuerzas vivas” del Revolucionario Institucional local expresaron así su respaldo a Mario Marín Torres. Los cálculos más conservadores aseguraban que hubo sólo 10 mil participantes; los más exagerados, es decir, los del tricolor, afirmaron que hubo unas 50 mil personas apoyando al mandatario estatal.

Lo cierto es que el contingente estuvo formado primordialmente por organizaciones afines al PRI –principalmente de comerciantes informales, sindicatos oficiales y la estructura burocrática del Poder Ejecutivo y los ayuntamientos de administración priista–, y no se trató, como lo quiso hacer pasar la dirigencia del otrora partido oficial, de una expresión de “repudio ciudadano” al “linchamiento” que dice padecer el titular del Poder Ejecutivo por la publicación de sus conversaciones con Kamel Nacif en los días del encierro de la periodista Lydia Cacho Ribeiro.

Las pruebas fueron irrefutables: las columnas llevaban por delante mantas o cartulinas con letras en tonalidades verde, negro y rojo, y en ellas aparecían las siglas, nombres y acrónimos, por ejemplo, de la Alianza de Agrupaciones Autónomas, la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, la Red de Mujeres y el Sindicato “nico de Empleados y Trabajadores del Honorable Ayuntamiento de Puebla, el mismo que tuvo su auge cuando Mario Marín fue presidente municipal de la Angelópolis.

Desde antes que comenzara la marcha, en muchos medios de comunicación poblanos comenzaron a llegar correos electrónicos o llamadas telefónicas denunciando que los altos y medios mandos de la burocracia gubernamental estaban coaccionando a los trabajadores de base para asistir al acto.

El modus operandi de esas presiones fue relatado de viva voz a este periódico por un trabajador de Finanzas, quien dijo que desde la mañana los jefes de departamento y directores reunieron a sus subalternos y les “recordaron” que a las 4 de la tarde habría la marcha, que “no era obligatoria” la asistencia, pero que se pasaría lista y que los nombres de lo ausentes se- rían entregados al titular de la dependencia, Gerardo María Pérez, quien actuaría “en consecuencia”.

Un funcionario de nivel medio intentó persuadir a los empleados diciendo que le debían “lealtad” a Marín, porque “gracias a él” tenían trabajo, que el gobernador era como “el dueño de la empresa” y que ellos estaban obligados a respaldarlo. Cuando los trabajadores mostraron su asombro, el individuo expresó, palabras más, palabras menos: “todos tenemos un amigo incómodo” (sic).

A la estructura del servicio público estatal se le permitió salir de sus oficinas desde la 1 de la tarde. Una buena parte de los burócratas participó en el desfile, aunque la mayoría tenía un rictus serio, y otros sonreían nerviosos, como si estuvieran avergonzados.

Las Comunas gobernadas por el PRI también aportaron su cuota de acarreados. Un botón de muestra: un reportero contó 30 camiones de pasajeros provenientes de Tehuacán, que transportaron desde ese municipio a la capital a no menos de 900 servidores públicos.

A esta casa editorial se comunicó una señora informando que desde las primeras horas del día la presidencia municipal de Tilapa estuvo cerrada debido a que los burócratas se trasladaron a la ciudad de Puebla; algo similar aconteció en el ayuntamiento de Izúcar de Matamoros.

También se supo de presiones para que estudiantes de la Universidad Autónoma de Puebla y de centros escolares acudieran a la manifestación de apoyo al gobernador, aunque no fueron los jóvenes el principal sector de la marcha, sino hombres, mujeres y niños oriundos de juntas auxiliares y colonias populares, donde los seccionales del PRI tienen sentados sus reales.

Se rumoró que en las colonias populares, los presidentes suministraron agua potable desde muy temprano a las casas, y cerca de las 10 de la mañana ya estaban divulgando la especie de que la inasistencia al desfile promarinista costaría dos semanas sin recibir el recurso. Otras versiones más aventuradas afirmaron que el PRI estuvo pagando hasta 500 pesos por persona, en un intento desesperado por convencer a los renuentes.

Lo cierto es que minutos anteriores a que la marcha principiara, en el Paseo Nicolás Bravo repartieron refrescos, cemitas, tortas y otros alimentos a las huestes del tricolor, que también recibieron playeras, gorras y calcomanías, con leyendas de este estilo: “Yo con Mario Marín” y “No más amarillismo de la prensa”.

Fueron precisamente los priistas de cepa, los de las clases populares, los que marcharon con más entusiasmo, llevando incluso infantes encabezando sus columnas con pancartas que decían: “Los niños te queremos y apoyamos Mario Marín”. Muchos de esos militantes del tricolor también portaban papeletas con las porras impresas en el siguiente orden: “¡Marín, amigo, el pueblo está contigo!”, ¡Marín escucha, estamos en tu lucha!”, “¡Apoyo total al gobierno estatal!”, “Los poblanos unidos, jamás serán vencidos!, “Repudio total a la ultraderecha nacional!”, ¡Calderón, entiende, la patria no se vende!” y “¡Panistas fascistas los tenemos en la lista!”.

Los tricolores tuvieron más un comportamiento de mitin que de protesta. Se alentaban mutuamente echándose porras, se reían, se palmeaban, hacían piruetas. Llevaron bandas de guerra, matracas, altavoces con sirenas, equipos de sonido con cumbias o música pop, grúas y hasta 60 camiones de volteo.

Desde la parte alta de un hotel situado frente a la Plaza de Armas, el diputado José Alarcón Hernández, mano derecha del coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara Baja, Emilio Chuayffet Chemor, observaba la escena. Otros priistas de relevancia local, como las ex legisladoras federales Enoé González Cabrera, América Soto y Alejandro Armenta Mier –director del DIF estatal–, observaron los hechos cómodamente desde el restaurante del establecimiento.

En ese mismo hotel deambuló el empresario Julián Haddad, eterno aspirante a una candidatura priista a diputado, y quien tiene amistad con Juanito Naked o Hanna Naked Bayeh, empresario textilero que explota a los reos del penal de San Miguel –en dónde estuvo presa Lydia Cacho–, íntimo amigo de Kamel Nacif Borge.

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