"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

 

Puebla
lunes 20 de febrero de 2006

Cuitlatlán

Lo que no hizo Ricardo Velásquez para evitar que creciera el caso de Lydia Cacho

Fermín Alejandro García

Miembros del gobierno del estado se empeñan en señalar a probables culpables de filtrar las grabaciones que pusieron al descubierto la intriga para encarcelar y agredir sexualmente a la periodista Lydia Cacho. Lo que deberían hacer es echar a uno de los responsables de esta crisis que ha puesto al gobernador Mario Marín Torres con un pie fuera de Casa Puebla, y este personaje se llama Ricardo Velásquez Cruz, el consultor jurídico de la administración estatal.

Si la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) entra al análisis del proceso penal que se le siguió a Lydia Cacho en Puebla, saltarán todas las violaciones al orden constitucional que fueron cometidas contra la también escritora, como fue haberla encarcelado por un delito no grave, haberle negado el derecho de ser citada a declarar ante el Ministerio Público y que la tildaran desde el gobierno como delincuente, cuando ningún juez la encontró responsable de algún ilícito, pero, además, lo más importante: que con las llamadas telefónicas que fueron filtradas a medios de comunicación nacionales se puso en evidencia que existió una intriga para atropellar las garantías individuales de esta mujer.

Con todos estos elementos es evidente que el gobierno no cuenta con un buen asesor legal o éste estuvo ausente de todas las decisiones que fueron tomadas en torno al caso de Lydia Cacho.

Ricardo Velásquez tenía la obligación de observar que no fuera violada la ley; de asesorar al gobernador, a la procuradora Blanca Laura Villeda Martínez, a los judiciales que detuvieron a Cacho y hasta al vocero gubernamental, Valentín Meneses; de que su actuación no se saliera de los cauces legales o no cometieran errores que pudieran ser elementos jurídicos en contra del gobierno.

Todos los gobiernos cuentan con asesores que miran las cosas sin pasión política, sin caer en excesos. Son los que tienen como misión principal hacer análisis de proyección prospectiva para imaginar escenarios y advertir de las consecuencias que pueden dejar las buenas o malas decisiones de un gobernante. Son los que deben ponerse una bolsa de agua fría en la cabeza y estudiar las cosas fríamente, a la luz de las leyes, de lo civilizado, de lo razonable. Y esto no lo pudo hacer Ricardo Velásquez.

El actual consultor jurídico del gobierno no es la primera vez que su actuación es desastrosa. Él fue asesor del anterior ayuntamiento de la ciudad de Puebla que fue encabezado por el panista Luis Paredes Moctezuma, y en general, el gobierno municipal siempre fue derrotado. Ahí están de ejemplo los asuntos del diferendo limítrofe entre la capital y San Andrés Cholula, así como el contrato de la concesión del alumbrado público que fue otorgado a la empresa Mexicana de Mantenimiento de Alumbrado. En ambos casos, Velásquez metió la mano.

El principal mérito que Velásquez tuvo para llegar al cargo es haber sido recomendado por Mario Montero Serrano, precandidato a senador, presidente con licencia del PRI y un político gris.

Dicen que Ricardo Velásquez es un hombre arrogante que anda diciendo que él es el verdadero autor de algunos libros que ha escrito el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Guillermo Pacheco Pulido. ¿Será esto cierto? Yo no lo creo.

La estrategia del gobierno

El lunes, cuando estalló el escándalo de la intriga contra Lydia Cacho, la primera reacción en el gobierno fue calificar el asunto como meros “chismes” y algo “intrascendente”, e incluso se dijo que el caso estaba “cerrado”. Cuatro días después, cambió todo. Se aceptó que la SCJN haga una investigación y determine si fueron cometidas o no violaciones al orden constitucional.

¿Por qué cambió esta posición? ¿Cuál es el propósito de que el gobierno busque la intervención de la SCJN?

Algunos litigantes creen que buscar esta opción puede obedecer al criterio de ganar tiempo, pues en el máximo tribunal del país las cosas siempre marchan con mucha lentitud, y probablemente el caso pueda ser prolongado meses, uno o dos años.

Y la esperanza del gobierno es que durante ese tiempo las cosas cambien y el caso de Lydia Cacho deje de estar en el centro de la atención pública. Aunque eso se pensaba en diciembre, y hay que ver lo que pasó.

Julio Boltvinik sí es conocido en Puebla

Ante las versiones que han surgido de que el prestigiado investigador social Julio Boltvinik Kalinka no es conocido en Puebla, y por tanto no sería buen candidato del PRD a senador por el estado, el doctor Ramón Beltrán, quien es un destacado colaborador de La Jornada de Oriente, me ha enviado una reseña que refuta las afirmaciones de los detractores del actual diputado del PRD. Éstos son sus argumentos:

“El Dr. Julio Boltvinik Kalinka aspira a ser candidato a senador por el PRD en Puebla.

“A diferencia de los eternos candidatos, funcionarios y aspirantes de ese partido, Julio es una persona a la cual conozco desde mi más remota infancia y cuya honorabilidad y capacidad avalo totalmente.

“Julio nació en la ciudad de Puebla, por allá de 1944, y fue mi compañero desde el kinder hasta el primer año de medicina.

“Cursó la educación primaria y secundaria en el Colegio Americano de Puebla y vivió siempre en la esquina del Paseo Bravo, 11 Poniente y 13 Sur, donde actualmente está el restaurante El Maná.

“En el Colegio Americano fue siempre un destacado estudiante, brillante, intranquilo, inquisitivo, y preocupado por su entorno.

“Cursó la preparatoria en la Universidad Autónoma de Puebla, en 59-60, y fue compañero de Rafael Cañedo, de Carlos Arredondo, del Dr. Alberto Segovia, (también desde el kinder), y mío. Su promedio en la preparatoria fue de 10, llevándose muchos de los premios al mejor alumno.

“Ingresó a la escuela de Medicina en 1961 y la abandonó para estudiar Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México, concluyendo sus estudios en 1966.

“Fue preso político en 1968, permaneciendo en la cárcel durante varios meses.

“Obtuvo dos maestrías en Inglaterra, y el doctorado en la Universidad de Guadalajara.

Escribe en La Jornada desde hace muchos años, y se ha dedicado a estudiar la pobreza en México.

“Actualmente es diputado federal por el DF.

“En vista de que muchos periodistas creen que es un desconocido y que no ha vivido en Puebla, mucho agradecería se diera a conocer esta información”.

 

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