"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

 

Puebla > Estado
viernes 17 de febrero de 2006

VÍA ALTERNA

EL VAMPIRISMO, UN TEMA QUE HA SALTADO DE LA LITERATURA A LA REALIDAD

Juan Pablo Ramos Monzón

Una puerta se abre en la oscuridad de la habitación; la penumbra de la cámara apenas permite distinguir una silueta recostada sobre una cama: duerme profundamente sumergida en un sueño delirante; su respiración se agita al mismo tiempo en que él se acerca a su lecho. Mueve la cabeza de un lado a otro hasta que es sujetada suavemente por unas manos frías. Los ojos de la hermosa mujer arrancada del sueño se abren súbitamente y se encuentran con una figura andrógina que le acaricia el cuello con su nariz y la seduce con un respiro; ella cae en éxtasis y se entrega saciando la sed del vampiro.

En este tipo de contextos se concibe la existencia de los vampiros, figuras que en las películas son representadas por personajes enigmáticos, de apariencia andrógina, con gabardinas negras o púrpuras y holanes en los puños de las camisas, capas, sombreros altos y colmillos. Seres sedientos de sangre que seducen a sus víctimas al momento de poseerlas.

Desde hace más de 200 años, en la literatura vampírica, las características de estos personajes saltaron de las páginas para poner pie en la vida real, las características descritas en los libros fueron acuñadas por los lectores y luego transmitidas a las siguientes generaciones.

A partir de ese momento y hasta la actualidad se han registrado hechos relacionados a los vampiros: asesinos seriales y profanadores de tumbas, pero también púetas, nuevos escritores y estudiosos que viven de la investigación de estos seres.

¿Dónde está el límite que separa la imaginación de la verdad? ¿Existe esa frontera? Al saber de la existencia de grupos de personas que se asumen como vampiros, e incluso de religiones vampíricas, como la registrada en California, Estados Unidos, surge otra interrogante: ¿la literatura es quien dio vida a estos personajes, o fueron los vampiros quienes dieron existencia a las narraciones?

Un vampirólogo en la ciudad de los ángeles


Los vampiros son un tema que ha dejado las hojas de los libros para caminar en las calles; sus rasgos más estructurales habitan en la mayoría de las personas; junto a ellos deambulan los estudiosos abriéndoles las puertas de la realidad, absorbiendo su conocimiento para que los demás sacien su sed intelectual, organismos vivos alimentándose de otros para no morir

Para hablar de los vampiros es importante establecer características que los identifiquen, y para ello es necesario un estudio. En Puebla,Carlos Camaleón, reconocido investigador de estos seres nocturnos, se aventura a hacer una definición basada en cuatro características prescindibles y una imprescindible.

El estudioso escribe, a manera de introducción en su libro Vampiros y otras adicciones, los cuatro rasgos más importantes que definen a estos personajes, los vampiros son: seres que mueren y regresan de la muerte, personajes con hábitos nocturnos, criaturas longevas –el autor rechaza la inmortalidad, pues la considera un término imposible y poco comprobable–, la cuarta característica y única imprescindible, según Camaleón, es que se trata de un organismo que se alimenta de otros organismos mientras estos están vivos.

Las características mencionadas, a excepción de la resurrección, pueden adaptarse a la vida de un ser humano, abrir la frontera entre la ficción y la realidad, incluso se podría decir que todos gozamos de un lado vampírico en nuestra personalidad, “una relación amorosa podría ser vampírica, desde el momento en que una persona absorbe la personalidad de otro y la convierte en suya”, explica Camaleón.

Cautivado desde su infancia por el cine y los comics que trataban este tema, Carlos Camaleón inició una carrera autodidacta en la materia de los vampiros, en la actualidad es uno de los cinco especialistas reconocidos por instituciones gubernamentales y de iniciativa privada, como la Universidad del Claustro de Sor Juana, La Universidad del Valle de México, la Secretaría de Cultura y la UNAM.

Después de ocho años de estudios, Carlos Camaleón hace una distinción entre la obra literaria que describe a los seres nocturnos y las personas que se asumen como vampiros, aquellas que por fanatismo llegan a cometer actos que, en ocasiones, pueden dañar a otras personas.

El investigador afirma que hay personas que a través de la imaginación se consideran vampiros salen a la calle con una “capita” y holanes, “se harán llamar Lesthat, Carmilla, gente fanática del tema y que con esa pasión llega a sentirse vampiro”, señala.

Pero hace una distinción entre los aficionados a este tema: los que no representan peligro alguno a la sociedad, los que cometen faltas a la ley, pero no atentan contra la vida de otra persona y los que ponen en riesgo la vida de los demás.

Los primeros son los que adoptan la vestimenta y toman sobrenombres, explica Camaleón. Los que violan la ley sin dañar a terceros, suelen profanar tumbas y en ocasiones extraer sangre de cuerpos recién sepultados, y por último, aquellos que en sus crímenes practican actos tales como degollaciones y toma de sangre de sus víctimas.

Asesinos vampiros

En la historia del crimen hay asesinos seriales que se ganaron el titulo de vampiros, como el temido alemán Peter KŸrten, quien a causa de una infancia torturante, donde su padre alcohólico violara a su hermana en su presencia y lo golpeara constantemente, sufriera un trastorno mental que lo convertiría en uno de los asesinos más sanguinarios entre 1929 y 1930 en la ciudad teutona Dusseldorf, ganándose el mentado sobrenombre cuando la policía descubrió que bebía la sangre de sus víctimas.

Peter KŸrten fue condenado a la guillotina, donde, justo antes de ser decapitado, declaró que, después del acto que terminaría con su vida, podría escuchar por unos momentos el escurrimiento de su sangre sobre su cuello, dándole el último placer sobre su placer.

Como este criminal es posible nombrar otros que llegaron a asesinar con la finalidad de beber la sangre de sus sacrificados, como Martin Dumollard en Francia; el italiano Vicenzo Versenia; la mexicana Magdalena Solís, o el estadunidense James Riva, quien mató a su abuela y bebió su sangre pensando que se trataba de una vampiro que se alimentaba de él mientras dormía.

Difusión cultural de actividades vampíricas

Es imperante que los vampiros son un tema de cultura popular mundial. Los primeros datos de estos personajes nos remiten a la literatura de hace 208 años, las interpretaciones desde ese instante se hicieron presentes con diferentes juicios de valor: seres malignos, asesinos, seductores, intelectuales. Las mismas descripciones las han tomado los que se sienten fascinados por los relatos, sacando de las páginas a esos personajes y adoptando sus rasgos.

Entre la realidad y la ficción sólo cabe una cosa, la existencia del tema, y con ello, el estudio y la difusión. Así han sido organizados cursos y festivales, como el Festival Vampírico que celebró en noviembre del año pasado, su quinto año en la ciudad de México, creado por Carlos Camaleón y enriquecido por otros estudiosos, como el maestro Vicente Quirarte, de la UNAM o Jorge Villasana, del Claustro de Sor Juana.

En la ciudad de Puebla también se ha iniciado este festival, en el que se dan conferencias que tienen el objetivo de explicar lecturas, autores y características de estos enigmáticos seres de la noche. El año pasado se festejó el primer Vamp Fest de la ciudad y se planea hacer uno cada año.

Las expresiones culturales poco comunes han sido mal vistas y confundidas con otras, y el vampirismo no es la excepción al ser relacionado con sectas y grupos culturales como el satanismo o los darks, estos últimos emparentados con los vampiros por la vestimenta y el gusto por la lectura romántica.

Los vampiros son un tema que ha dejado las hojas de los libros para caminar en las calles; sus rasgos más estructurales habitan en la mayoría de las personas; junto a ellos deambulan los estudiosos abriéndoles las puertas de la realidad, absorbiendo su conocimiento para que los demás sacien su sed intelectual, organismos vivos alimentándose de otros para no morir.

  Enviar | Imprimir