TLAXCALA
miércoles 19 de octubre de 2005

 
       
  Los ríos del estado, auténticos depósitos de aguas negras: investigadores y autoridades

Fabián Robles Medrano q Seis de los siete ríos que existen en el estado presentan altos índices de contaminación, causados por elevadas descargas de desechos sólidos y líquidos degradados de usos domésticos, agrícolas e industriales. El principal afluente contaminado por tales circunstancias es el Zahuapan y en menor proporción los cauces conocidos como Atenco, Atotonilco, Atlixtac y el de Los Negros que abarcan varios municipios.
 
       
  A esa conclusión llegaron Adelina Espejel Rodríguez y Guillermo Carrasco Rivas, integrantes del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional (Ciisder), dependiente de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), quienes son los autores del estudio titulado “Caracterización de las comisiones municipales de ecología del estado de Tlaxcala”.

“Todos los ríos de la entidad son considerados zonas críticas y los afluentes resultan auténticos depósitos de aguas negras. Esto ha traído como consecuencia el aniquilamiento de especies acuícolas y ha provocado un desequilibrio ecológico entre numerosas especies de animales y plantas”, refieren en ese estudio.

De acuerdo con esa investigación –financiada por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)– “el río Zahuapan es uno de los cauces que ha preocupado en mayor medida a la comunidad y autoridades del estado, principalmente por sus altos índices de contaminación que se deben, principalmente a las aguas residuales urbanas que se vierten”.

Esa visión fue compartida por Alfonso Macías Laylle cuando fungió como titular de la Coordinación General de Ecología (CGE) en el sexenio del perredista Alfonso Sánchez Anaya.

Ya desde el año 2003 Macías Laylle no dudaba en afirmar que el río Zahuapan se había convertido “en un gran drenaje a cielo abierto a donde se vierten aproximadamente 32.5 millones anuales de metros cúbicos de aguas negras (...) el mayor problema de contaminación de este afluente se encuentra de Apizaco en adelante”.

A ese río, que cruza la entidad de norte a sur y que da origen al Balsas, en la época de la colonia se la atribuyeron donde curativos. De hecho, su nombre significa “el que cura los granos”, pero hoy “enfrenta niveles de contaminación alarmantes, pues el agua que lleva representa un peligro para los habitantes de los municipios donde este río atraviesa, refirió por su parte la diputada priista Martha Palafox Gutiérrez.

La legisladora federal por Tlaxcala, quien ha solicitado a las autoridades competentes tomen cartas en el asunto, sostuvo que “en el municipio de Tepetitla de Lardizábal supimos ya de la muerte de un niño por consumir el líquido de ese río. La autopsia detectó la presencia de plomo y arsénico”.

Al respecto, la CGE considera que “el manejo y disposición inadecuada de las aguas residuales provoca la dispersión de microorganismos patógenos que junto con pequeñas porciones de basura se constituyen como elementos viables que, asociados con la proliferación de fauna nociva, traen como consecuencia el eventual riesgo de originar enfermedades de tipo respiratorio y gastrointestinales, tales como: cólera, malaria, amebiasis, parasitosis, rabia, peste, entre otras que afectan principalmente la salud humana”.

Según el programa de saneamiento de aguas en el estado de Tlaxcala, elaborado por la CGE, “el río Zahuapan es la principal corriente hidráulica del estado; junto con el Atoyac forma la cuenca alta del Balsas. El primero tiene un área de influencia de cuenca aproximada del 78 por ciento del territorio del estado y sus aguas irrigan más de 15 mil hectáreas; ambas corrientes están altamente contaminadas por descargas de aguas residuales de origen municipal, situación que se agrava con los importantes volúmenes que son generados y descargados por la industria”.

En gran parte la contaminación del río Zahuapan se debe a que en la entidad por lo menos la mitad de los usuarios no paga por el servicio de agua potable. A ello se suman las bajas tarifas que cobran los organismos del ramo, tanto por el suministro del líquido, como por el saneamiento de éste.

Ambos factores provocan escasez de fondos en los organismos operadores que no tienen manera de financiar la modernización de las redes de distribución y el mantenimiento y ampliación de los sistemas para el tratamiento de aguas negras.

Se calcula que cumplir con el suministro y el saneamiento del líquido les cuesta a las autoridades estatales y municipales casi 100 pesos por familia al mes –85 pesos por el suministro y 16 por el saneamiento–, mientras que las tarifas, en muchas zonas del estado, son menores a 50 pesos por los dos conceptos, aunque en otras apenas si cobran 12.

De acuerdo con la norma NOM-001-ECOL-1996 para el 1 de enero de 2000 todas las poblaciones mayores de 50 mil habitantes deberían contar con sus plantas de tratamiento; para el mismo mes pero del año 2005 tendrían que cumplir con ese ordenamiento las comunidades de entre 20 mil uno a 50 mil habitantes; y para enero de 2010 deberán hacerlo aquellas que tengan entre 2 mil 501 y 20 mil habitantes.

Pero esa disposición federal ha sido prácticamente imposible de cumplir, debido principalmente a la falta de recursos.

A ello se suma que de los más de 100 sistemas “formales” de tratamiento de aguas negras que existen en la entidad tienen deficiencias de operación por falta de mantenimiento y/o porque se ha rebasado su capacidad de diseño.

Se calcula que en la entidad se generan cada año 63.6 millones de metros cúbicos de agua residual municipal provenientes de 78 localidades urbanas y 417 rurales. De esa cantidad, la CGE trata 23.8 millones de metros cúbicos a través de las siete plantas creadas para tal fin, las cuales reciben las aguas generadas tanto de municipios como de industrias, así como de los prestadores de servicios.

Hasta el año 2003 la inversión calculada para rehabilitar, ampliar y/o adecuar la infraestructura existente para que operara con eficacia, recibiera agua residual de otras localidades cumpliendo con la normatividad establecida, así como para construir la necesaria, ascendía a casi mil millones de pesos, de los cuales casi el 22 por ciento sería para ampliar la cobertura de alcantarillado a “un nivel aceptable”, otro 21.5 por ciento para la construcción de colectores y el 56.5 restante para la rehabilitación y construcción de sistemas de tratamiento.

Para el gerente de la región Balsas de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Jorge Hinojosa Martínez si bien es preocupante la “muy crítica contaminación del Zahuapan, es más grave la falta de recursos para la construcción de colectores y plantas de tratamiento”.

Calcula que para avanzar en esos trabajos, sólo durante los tres primeros años de las presentes administraciones gubernamentales de Tlaxcala y Puebla se requiere de una inversión aproximada conjunta de 3 mil 500 millones de pesos.

Sin embargo, ese dato no coincide con la calculada en el “Proyecto del rescate ecológico de los ríos Zahuapan, Atoyac, Alseseca y Valsequillo”, según el cual durante los próximos 12 años se tendrán que invertir 3 mil 540 millones de pesos en obras.