La incursión en la política de Luis Paredes,
apoyado por varios panistas que nunca habían
figurado en el primer plano de cargos partidistas
o de elección popular, se debió entre otro
motivos, a que estaban cansados de que sólo
algunos miembros de la Organización Nacional de
El Yunque una secta que controla al PAN
eran quienes lograban posiciones importantes y
sobre todo hacer negocios a la sombra del poder.
Tales eran los casos de Jorge Espina Reyes y José
Antonio Quintana Fernández. Paredes y sus
primeros colaboradores hasta hace algunos años
pasaban por una situación económica crítica,
no les iba bien en los negocios y con coraje
observaban cómo algunos panistas mejoraban su
condición monetaria una vez que llegaban a
ocupar cargos públicos. Por eso buscaron
convertirse en diputados federales, y hace seis o
siete años, por primera vez pasó en la cabeza
de Luis Paredes ser candidato a edil de la
capital del estado de Puebla.
Antes de que concluyera el mandato de Gabriel
Hinojosa Rivero, quien fue el primer alcalde
panista de Puebla, Paredes buscó apoyos para ser
candidato a edil. Pero en aquella ocasión El
Yunque se inclinó por José Antonio Díaz García,
derrotado en la elección constitucional por el
priista Mario Marín Torres.
En un principio Luis Paredes intentó tejer
alianzas con los grupos que dominaban el partido.
En una ocasión, en la oficina del ex alcalde de
San Pedro Cholula, Arturo Carranco, se entrevistó
con Jesús Encinas, uno de los fundadores de la
Corriente Renovadora, quien le pidió apoyo para
convertirse en presidente del Comité Municipal
del PAN en Puebla. Paredes se burló de él, le
dijo que no tenía el apoyo de más de 80
delegados y que no iba a hacer nada; lo mejor era
respaldar a Pablo Rodríguez Regordosa.
En la asamblea municipal del PAN las cosas no
fueron como se pensaba; no todo estaba a favor de
Pablo Rodríguez. La votación por Encinas fue de
más de 200 delegados, no de 80 como decían y
aunque fue derrotado demostró que una parte
importante de los panistas no estaba a favor de
los grupos que controlaban el partido.
Esa experiencia, dicen, le sirvió a Paredes
para diseñar una estrategia diferente a la que
estaba usando y empezó a aglutinar a todos los
panistas inconformes con las fuerzas dominantes
del partido, a militantes que no participaban en
las asambleas o que no estaban al corriente de
sus cuotas, y con gente que simplemente fue
convencida por los proyectos paredistas. El
resultado fue su triunfo en la elección de
candidato del PAN a presidente municipal de
Puebla.
En una ocasión el periodista çlvaro Delgado,
de la revista Proceso, dijo que Luis Paredes había
dicho a varios políticos priistas, palabras más
o palabras menos, que: La diferencia entre
él y Francisco Fraile es que ya había dejado de
obedecer al Yunque.
Y efectivamente, hace tres años Paredes tenía
todo, parecía tener una carrera política
promisoria. Había logrado vencer a las fuerzas
tradicionales del PAN, se alejaba del control de
El Yunque, gozaba de la simpatía de panistas de
toda le entidad, y lo más importante: tenía de
su lado al entonces gobernador Melquiades
Morales, quien nunca se opuso a los proyectos del
panista ni buscó confrontarse con él. De hecho,
hubo excesiva tolerancia, de la que algún día
se sabrá a qué obedecía esa indulgencia del
mandatario.
Su autodestrucción
A partir de que Paredes ganó la alcaldía
parece que su ambición lo enfermó, lo desquició.
Antes de que asumiera el cargo de edil empezó a
romper las alianzas que tejió en su campaña
electoral, ya que no cumplió con la promesa de
dar trabajo a todos los panistas que colaboraron
para garantizarle su triunfo en los comicios de
noviembre de 2001.
Y a muchos que les dieron trabajo, según
narran algunos panistas que fueron cercanos al
edil, tuvieron que pagar su primer mes de sueldo
a quienes controlaron las listas de contratación
y además les advertían que para conservar el
puesto tenían que llevar una vida activa en el
PAN a favor del grupo paredista.
Desde el inicio de su gestión, los signos
distintivos de la administración de Paredes
fueron: corrupción y dispendio de recursos públicos.
El nuevo presidente empezó a despachar en un
hotel de 5 estrellas, donde se dice que también
dormía. Un ex diputado local recuerda que cuando
el alcalde anunció a los miembros de la bancada
panista su intención de privatizar el alumbrado
público de Puebla lo hizo en una comida, en el
Palacio Municipal, con el servicio del lujoso
restaurante 1800, es decir, gastó mucho dinero
solamente para darles a conocer un proyecto.
También se comenta que de inmediato se puso
en marcha una estrategia para recaudar fondos de
todos los ámbitos del ayuntamiento para crear
una bolsa, que dicen tal vez llegó a los 200
millones de pesos, destinada a financiar los
proyectos políticos de Paredes, pues desde que
llegó a la presidencia municipal ya no pensaba
en cómo lograr un ayuntamiento exitoso, sino cómo
conquistar Casa Puebla y Los Pinos. De ese tamaño
era su megalomanía.
Confiado en que tenía a Melquiades Morales de
su lado quien le puso a su disposición a
la mayoría de los integrantes de la fracción
parlamentaria del PRI en el Congreso local
y que podía repetir la audacia de derrotar en el
PAN al grupo de Francisco Fraile, ya nada lo
detuvo; no le importó violar la legalidad
interna de AN, la Constitución del estado y las
leyes que rigen el funcionamiento de la Comuna.
Todos sus proyectos faraónicos pasos a
desnivel, estacionamientos subterráneos, concesión
del alumbrado, etcétera parecían ser
meros negocios fabricados para favorecer económicamente
a su grupo político y empresarios ligados a su
mandato.
Tal vez su adicción al alcohol, las excesivas
alabanzas de sus colaboradores cercanos, junto
con sus asesores, y la ceguera que le causó el
poder, no le permitió a Luis Paredes escuchar críticas
y sobre todo percatarse de que estaba destruyendo
las alianzas que lo llevaron al cargo de edil y
que poco a poco estaba cavando su tumba en el PAN.
La borrachera de poder ya terminó para Luis
Paredes. Su expulsión de las filas panistas
decretada el viernes pasado es el inicio de un
largo y tortuoso camino de sanciones en su contra.
¿Los van a perdonar los priistas?
Los panistas ya lo echaron. El Yunque le está
cobrando cada uno de sus dislates. Sólo falta
saber cuál va a ser la actitud del PRI.
Según algunos miembros del gabinete del
gobierno del estado, la actitud que asumirá el
mandatario de Puebla, Mario Marín, es que si se
sustentan jurídicamente las anomalías de Luis
Paredes, que hasta ahora aún no son
cuantificadas con exactitud, pero parecen rebasar
los 600 millones de pesos, entonces sí se va a
proceder penalmente contra el ex edil. Si no están
plenamente comprobadas sus fechorías entonces no
se llevará a los tribunales su caso, pues
parecería una persecución política.
Sin embargo, algunos panistas opinan que
Paredes intentará usar la alianza que signó con
el PRI en los pasados comicios locales contra
el PAN para buscar salvar el pellejo. Como
parte de ese recurso, incluso estaría dispuesto
a buscar su ingreso al PRI u otro instituto satélite
del tricolor, como es el PCD.
Al final, el destino de uno de los miembros más
importantes que ha tenido el PAN para bien
y para mal ha quedado en manos de priistas,
quienes si deciden no protegerlo, el próximo
destino de Paredes será la cárcel o estar a
salto de mata.