Esta semana se giró una orden de aprehensión
contra el empresario Luis Ángel Casas Arellano,
quien fue presidente del Centro Bancario de
Puebla y recaudador de dinero a favor de la
pasada campaña electoral del PRI, ya que es
acusado de ser presunto responsable de los
delitos de calumnias y falsedad de declaraciones
judiciales. Pero resulta que dicho mandato fue
extraviado a unas horas de haber sido
emitido, lo que parecería ser un indicio de que
se trata de proteger a este hombre de negocios. El
empresario Jaime Guillermo Alonso Soto cuyos
abogados proporcionaron a este columnista la
información que se presenta en todo este texto
es quien acusó penalmente a Luis Casas Arellano.
Ayer el denunciante se presentó en la Procuraduría
General de Justicia (PGJ) a solicitar información
acerca de la orden de aprehensión que fue
emitida el miércoles de esta semana, y la
respuesta que le dieron es que no habían
recibido ninguna petición de detener al ex
presidente del Centro Bancario de Puebla.
Entonces procedió a abandonar las
instalaciones de la PGJ, y en la puerta principal
del edificio se encontró al abogado Marco
Antonio Márquez Díaz, quien defiende intereses
de la familia del ex gobernador Mariano Piña
Olaya y de Luis Ángel Casas Arellano. El
litigante seguro de si le habría dicho que a su
defendido no le iban a hacer nada por las
influencias que tiene con algunos funcionarios
estatales y del Poder Judicial.
Alonso Soto salió de la PGJ, pero sintiéndose
burlado por el comentario del litigante decidió
regresar a la procuraduría y quejarse ante la
oficina de la secretaría particular de esa
dependencia. Finalmente buscaron el documento y,
¿qué cree?, encontraron la orden de aprehensión
en cuestión y al afectado le dieron el argumento
de que se había traspapelado, según
narraron los asesores jurídicos del agraviado.
¿Se puede traspapelar una orden
de aprehensión contra un personaje importante de
las fuerzas vivas de Puebla y sobre todo unas
horas después de emitirse?
Para el acusador de Luis Casas Arellano es una
muestra de que sí lo están protegiendo para que
no pise la cárcel.
El notario que dio fe desde la tumba
El origen de la orden de aprehensión contra
Luis Ángel Casas Arellano es la disputa del
predio de dos hectáreas ubicado en la calle
Esteban de Antuñano, número 1479, colonia Luz
Obrera de la ciudad de Puebla. Lo interesante de
este caso es que en dos ocasiones se han
presentado pruebas a favor de este empresario que
rayan en lo absurdo y que han sido admitidas por
autoridades judiciales, lo que exhibe lo mal que
está el sistema de impartición de justicia.
Veamos cuáles son esas dos incongruencias:
El empresario Jaime Guillermo Alonso Soto es
dueño de la empresa Fábrica de Hilados y
Tejidos Santo Domingo. Dentro de esta factoría
se ubica el lote en disputa, del cual la familia
de esta persona tiene escrituras que datan de
1925 y que acredita que es la propietaria del
mismo.
Sin embargo, en el documento no se establece
con precisión los linderos del terreno, motivo
por el cual en la década pasada Jaime Guillermo
Alonso inició un juicio de usucapión para
determinar los límites correctos con otros
terrenos vecinos.
Para llevar acabo ese juicio se citó a todos
los propietarios de los terrenos vecinos del lote
de Jaime Guillermo Alonso Soto.
Uno de los dueños de los lotes vecinos, David
Aquino Bouchan, primero se inconformó porque no
había sido convocado para determinar las
colindancias del terreno. Pero después exhibió
un documento que data de 1963 en el cual
supuestamente se establece que él es el dueño
de las dos hectáreas de Jaime Guillermo Alonso
Soto, y ese papel había sido avalado por el
notario público 16, Óscar Ramón Sesma.
¿Por qué es clave la fecha de ese documento?
Por que dicho papel fue emitido el 27 de abril de
1963 y resulta que el notario público que lo
validó murió el 22 de octubre de 1958.
Entonces, solamente que hubiera resucitado o
levantado de la tumba, este fedatario podía
haber dado testimonio de que David Aquino Bouchan
era el dueño del predio.
Robó en Puebla, pero estaba en España
Hace unos meses, irrumpe en este pleito el
empresario Luis Ángel Casas Arellano, quien
argumenta que David Aquino Bouchan le vendió el
terreno en disputa y por tanto, se convierte en
quien intenta demostrar que Jaime Guillermo
Alonso no es el propietario de esa propiedad.
Ello, pese a la incongruencia del notario que
emitió un documento cinco años después de
haber perdido la vida.
A principios de este año, Casas Arellano acusó
a Jaime Guillermo Alonso Soto de haber ocupado el
terreno que está en pelea, por tanto lo señaló
de ser autor del delito de despojo y presenta los
testigos que dicen que lo vieron ocupar el predio.
Por esa razón, Jaime Guillermo Alonso fue
detenido y logró salir de prisión al demostrar
que no es un ser omnipresente.
Pues resulta que cuando se estaba dando el
supuesto despojo, Alonso Soto estaba tomando un
vuelo que lo trasladaría de España a la ciudad
de México. El supuesto delito fue cometido el 7
de enero de este año, y de acuerdo con datos del
Instituto Nacional de Migración, Jaime Guillermo
Alonso llegó al país hasta el día 8 del mismo
mes.
El señor Alonso Soto una vez que demostró
que él no despojó a nadie; que no estaba en México
cuando ocurrió el delito por el que era acusado,
decidió contrademandar a su acusador, a Luis Ángel
Casas Arellano, y lo señaló de ser presunto
responsable de calumnias y falsedad en
declaraciones judiciales.
Para los asesores jurídicos de Alonso Soto,
que haya sido aceptado por un juez el documento
apócrifo de un notario público, que se
detuviera a su cliente acusado de un delito que
supuestamente cometió en Puebla cuando estaba en
España y ahora que se haya traspapelado
la orden de aprehensión contra Luis Ángel Casas
Arellano, son muestras claras de que desde las
altas esferas del poder están defendiendo al ex
presidente del Centro Bancario.
¿Qué acaso esta protección se debe a que
Luis Ángel Casas Arellano recaudó fondos para
la campaña de Mario Marín Torres? Consté que
es pregunta. Si realmente se hace justicia nadie
tendrá que pensar que se estaba favoreciendo al
empresario.