Como hace 44 años, en Pueblo Nuevo habrá representación de la pasión y muerte de Jesús

Ignacio Juárez Galindo q Este próximo viernes santo, "si dios quiere", por las calles de Pueblo Nuevo nuevamente caminará, sufrirá, morirá y resucitará Jesucristo, tal como ha ocurrido desde hace 44 años, lapso en que Jorge Morales Flores, integrante de una familia de hueseros con larga tradición en el oficio, ha montado la representación teatral de la pasión y muerte de Cristo en esa comunidad, y que con el paso del tiempo se convirtió en una de las tradiciones populares más importantes de Puebla.
 

Sin embargo, Jorge Morales, quien decidió montar la obra tras varias "revelaciones" que dice haber tenido de Jesús en sus sueños, no será el único que reencarnará a Jesucristo este viernes. Aunque no hay información detallada en dependencias oficiales y la arquidiócesis de Puebla, se estima que en unos 50 lugares del territorio poblano habrá representaciones de la pasión. Ese día, albañiles, profesores, directores de la Casa de la Cultura, obreros y hasta un panadero, entre otros muchos más, se asumirán como el cordero de dios y se someterán a la tunda y crucifixión, pues así lo exige el papel del redentor.
Acompañados o no por una multitud de actores y personas, los Jesucristos poblanos aparecerán en municipios como Tochtepec, San Andrés Calpan, Izúcar de Matamoros, Chignahuapan, La Resurrección, San Miguel Canoa y Tonanzintla. En otros sitios hay modestas representaciones que consisten sólo en un grupo de personas que acompañan al hijo de dios, cargando la cruz, por un pequeño viacrusis, explicó el arqueólogo Eduardo Merlo.

Vida y obra
de Jorge Morales

En una de las paredes de la casa de Jorge Morales cuelga una fotografía color sepia en donde aparece con una corona de espinas en la cabeza, sudor y tinta roja escurriendo por su cara y barba. Fue tomada en 1960, en la primera representación de la pasión de Cristo en Pueblo Nuevo. Un poco más abajo están otras fotos de sus familiares, una pintura de Jesús, elaborada un viernes santo, así como un reconocimiento que el gobierno del estado le entregó por la obra de teatro El eterno redentor -totalmente de su autoría- y una nota periodística pagada en donde se informa sobre "el alto reconocimiento" que obtuvo en su examen profesional como médico, cirujano y partero.
En la parte trasera de su casa, ubicada en la calle principal de Romero Vargas, el director del grupo Pablo de Tarso tiene un amplio huerto en donde cosecha chirimoyas, jinicuiles, ciruelas y limones agrios. Allí también está el establo de La morena, la mula que compró hace años y que utiliza para la representación. Se decidió a comprarla, afirmó, después de varios sinsabores: el robo del burro y las costosas rentas de los animales.
Morales Flores cuando no es director de obra o actúa como Jesucristo, es un médico general muy requerido en su comunidad. Según su secretaria, diariamente atiende a unas 25 personas. La aseveración puede comprobarse fácilmente con echar una mirada a la larga fila de pacientes que esperan su turno tanto en el pasillo del consultorio como en el patio de la casa del actor.
En privado, el doctor afirma que muchos de sus pacientes lo buscan porque, además, es huesero. La tradición en este oficio, relata, comenzó con su bisabuelo Herminio Morales, en Tepexi de Rodríguez, ubicado en la Mixteca poblana, siguió con su abuelo Simón, luego con su padre Fidencio y ahora él. Curar los huesos, dice, "es un don, porque no cualquiera lo hace". él, por ejemplo, asegura que lo mismo puede atender una fractura de clavícula o luxaciones de cadera, las lesiones más complicadas.
Su papel como Jesucristo le ha valido para aparecer en las portadas de muchos periódicos y medios de comunicación, pero la entrevista que más recuerda es una que le hizo a principios de los 80 el conductor del extinto programa Siempre en Domingo, Raúl Velasco. La experiencia de salir en la representación, aseguró, también lo ha ayudado a ser un buen ciudadano y autoridad, sobre todo cuando hace unos años fungió como presidente auxiliar de Romero Vargas.
-¿Por qué la idea de montar la representación de la pasión de Jesucristo? -se le preguntó
Jorge Morales cavila la respuesta. En sus palabras no se asoma ningún rastro de duda o titubeo. Su mirada se torna aguda. "Por una revelación", contesta con aire místico.
De acuerdo con la versión del huesero, a sus 17 años de edad tuvo cinco sueños en los que se le apareció Jesús. En la primera, relató, soñó que una muchedumbre enfurecida lo perseguía, y el hijo de dios lo salvo, pero en esa misma ocasión le pidió que enseñara a la gente como murió. Las revelaciones posteriores -cuando soñó a Cristo cargando una cruz, con la corona de espinas y en la resurreción- sólo le confirmaron el mandato, por eso decidió poner manos a la obra y formar un grupo de actores que representara la pasión y muerte.
Lo primero, dijo, fue escribir el libreto de la obra, el cual envió al arzobispo de ese entonces Octavio Márquez y Toriz, quien le dio el visto bueno. Luego tuvo que convencer a sus familiares y amigos con quienes acordó abrir la oportunidad a todo el pueblo, por eso lanzó una convocatoria. En su afán por progresar, decidió entrar a estudiar actuación en la Universidad Autónoma de Puebla. Así pues, después de un año de prácticas, en 1960 se presentó por primera vez la obra El eterno redentor en Pueblo Nuevo.
Este año, explicó Jorge Morales, la representación obligará a la movilización de 500 actores, 50 coordinadores, además de un fuerte dispositivo de elementos de la Dirección de Seguridad Pública, primeros auxilios, comerciantes, entre otros. Aunque asegura que cada año asisten unas 300 mil personas a ver la obra, Eduardo Merlo sostuvo que es imposible que el pueblo pueda dar alojo a ese número de personas, por lo que los asistentes no pasan de 20 mil.
A 44 años de distancia de las revelaciones que tuvo. ¿Ha logrado cumplir con el mandato que Jesús le dio?
-"Por supuesto, en la gente se logró el cometido. Hace un año, una persona se metió durante la representación, la policía no lo detuvo; en sus manos llevaba a su hijo enfermo y cuando pasaba Jesús con la cruz acuestas dijo: 'Jesús mío, padre redentor, mándale alivio a mi hijoÕ y tomó una parte de la sangre del rostro y comenzó a limpiar al niño... Nos llena de satisfacción, no de vanidad, todo lo que hemos logrado. Por cada actor que está en escena hay una predicción (sic) y enseñanza de la palabra de Jesús.
Y, agregó: "Somos la única representación capaz de competirle a la de Iztapalapa. La de allá es mayor en número de personas, pero no en cuanto a calidad de actuación y escenografía, ellos no utilizan ni carro romano ni circo romano, nosotros sí. Tenemos 100 actores en escena representando una lucha; por muchas cosas somos mejores".

Una historia de la pasión

Salpicadas de una profunda cultura popular, las representaciones de las pasión y muerte de Jesucristo, señaló el también exdirector del museo Poblano de Arte Virreinal tienen su origen en México con la evangelización del siglo XVI, principalmente en los autos sacramentales. Los indígenas mexicanos, señaló, aceptaron con agrado las representaciones teatrales religiosas, y desde un principio mostraron una fuerte atracción con el sufrimiento del hijo de dios en la tierra.
Antes de la llegada de los españoles, refirió, los indios mexicanos tenían la costumbre de azotar al gobernador o cacique como castigo por los errores o problemas causados por los pobladores, mientras la comunidad lloraba por su autoridad. Al haber la unión de las dos culturas, el sufrimiento de Jesucristo quedó grabado y fue adoptado de manera vehemente por los pobladores, al grado de que pese a desaparición de los autos sacramentales, en el siglo XVII la gente continuó con las dramatizaciones de martirio.
En la actualidad, según explicaron varios sacerdotes consultados, los textos de algunas representaciones son una combinación de los evangelios, la interpretación de los mismos y el imaginario popular. Eduardo Merlo sostuvo que muchos libretos están influidos por las películas realizadas en Hollywood -El manto sagrado, Ben Hur, Gladiador, entre otras-, principalmente en las escenas, mobiliario y el vestuario. "Se volvieron obras teatrales en lugar de autos sacramentales".