Perfil: A 30 años de la matanza del 1 de mayo

 


Los asesinatos en el Carolino

q Aunque han transcurrido 30 años de la masacre del 1 de mayo en el edificio Carolino, donde fueron asesinados cuatro estudiantes, un obrero de la Volkswagen, un joven albañil y un trabajador de la empresa Vela-gas, y más de una decena de transeúntes resultaron heridos, los hechos permanecen vivos en la memoria de familiares y universitarios de la época, que desde entonces han exigido castigo a los responsables, sin éxito alguno. Alfonso Calderón Moreno impartía historia de México en la preparatoria popular Emiliano Zapata y estudiaba Contaduría; tenía 22 años cuando fue ultimado por una de las tantas balas disparadas por francotiradores apostados en azoteas y edificios aledaños al Carolino. La bala que lo mató le atravesó el cuello destrozándole la carótida y la aorta; tenía dos años de casado y dejó huérfana a una pequeña de un año de edad.Ignacio Enrique González Romano, de 17 años, estudiaba ingeniería química, "era muy cariñoso y un magnífico estudiante", cuenta su madre, Amalia Romano García; Víctor Manuel Medina y Norberto Suárez Lara eran alumnos de la preparatoria popular y contaban con apenas 16 y 17 años. Los tres fueron asesinados en la azotea del Carolino, ultimados por los disparos de los francotiradores.Los otros tres sujetos que fallecieron ni siquiera eran estudiantes; el destino y la mala suerte los colocaron entre la balacera, que, de acuerdo con las versiones de los universitarios de la época, duró entre tres y cuatro horas. Víctor Rodríguez, trabajador de la empresa Volkswagen, formaba parte del contingente de obreros que había desfilado por la avenida 25 Oriente-Poniente aquel 1 de mayo, mientras que Carlos Vélez Huerta, un repartidor de la empresa Vela-gas, y un joven albañil de 17 años originario del municipio de Esperanza fueron los transeúntes "que pasaban por ahí" y que también murieron en la refriega.A diferencia de los homicidios de los luchadores sociales Joel Arriaga Navarro y Enrique Cabrera Barroso, quienes "fueron seleccionados cuidadosamente por sus ejecutores con el firme propósito de debilitar y acabar con el movimiento estudiantil", los asesinatos de los universitarios aquel 1 de mayo fueron circunstanciales.El trágico día 1La mañana del 1 de mayo, algunos estudiantes estaban fuera del Carolino organizando el evento cultural programado para aquel día con el que se pretendía conmemorar un aniversario más del inicio de la lucha por la reforma universitaria. Alfonso Calderón y Enrique González Romano alistaban un equipo de sonido en uno de los balcones principales del edificio Carolino, que en broma los estudiantes llamaban "Radio UAP", narra Miguel Calderón, quien en ese entonces tenía 18 años.Otras brigadas de estudiantes, pertenecientes a los llamados comités de lucha, había salido a "volantear" por las calles del centro y a lo largo de la avenida 25 Oriente-Poniente, aprovechando la multitud que presenciaba el desfile del 1 de mayo, que en aquellos años se desarrollaba en esa vía.Alrededor de las 10 de la mañana, un grupo de universitarios fue detenido por la policía mientras repartía volantes en dicha avenida. La noticia corrió como reguero de pólvora, recuerda Rosa María Avilés Nájera, comunista y activista en ese entonces. "Era tal la confrontación con el gobierno de Bautista que había la costumbre de intercambiar rehenes, así que algunos compañeros detuvieron una patrulla que transitaba por la Maximino, para intercambiar a los agentes por nuestros compañeros". Los tres tripulantes de la patrulla -marca Volkswagen- fueron llevados al Carolino. Minutos después Vicente Villegas, secretario general de la UAP, comunicó la negativa del gobierno a realizar el canje, lo que molestó a los estudiantes. La patrulla comenzó a arder e inició el caos. Se veía a universitarios por todas partes y gente del movimiento obrero y campesino no cesaba de entrar a la sede de la universidad. Con el pretexto de controlar el fuego, expresa Miguel Calderón, un camión de bomberos intentó acercarse al Carolino, pero detrás suyo había decenas de policías estatales con bombas lacrimógenas. Policías y hombres vestidos de civil con armas de alto poder y mira telescópica corrían de un lado a otro. Otros ya estaban en las azoteas de inmuebles cercanos al Carolino; se les veía arriba del Hotel Ritz (hoy Hotel del Portal), en el inmueble que ocupaba la central de autobuses ADO y en la iglesia de San Roque, así como en el edificio María, ubicado en la esquina de la 2 Sur y la 5 Oriente, y en la torres de la catedral, principalmente.Mientras las bombas lacrimógenas comenzaban a surtir efecto, los disparos indiscriminados arreciaban. Algunas estudiantes repartían paños humedecidos con vinagre entre sus compañeros para contrarrestar el efecto de los gases. "A pesar de la balacera, la gente seguía llegando al Carolino. Se veía a mujeres con sus niños, así como a campesinos y obreros. De pronto el Carolino estaba repleto; era angustiante porque los balazos no cesaban", cuenta Lilia Alarcón, profesora de la preparatoria Emiliano Zapata hace 30 años. Gloria Tirado Villegas, también maestra de esa escuela, recuerda: "Algunas compañeras y yo atendimos a Enrique González Romano, quien había sido afectado por una bomba". Después lo perdió de vista. Al parecer, la curiosidad de querer saber lo que pasaba envió a González Romano, Víctor Manuel Medina, Norberto Suárez Lara y otros estudiantes a la azotea del Carolino. Ahí, los dos primeros cayeron muertos por los disparos de los francotiradores. Norberto fue rescatado aún con vida, pero al día siguiente murió.Alfonso Calderón fue ultimado al salir del Carolino. Una bala que le atravesó el cuello detuvo su andar frente a la iglesia de La Compañía cuando pretendía retornar a la universidad. "A Alfonso lo asesinó Chisin, quien estaba apostado en la esquina del antiguo ayuntamiento; desde ahí le disparó", sostiene Jorge Sánchez Zacarías. Famosas son las fotografías que publicó la prensa de entonces al día siguiente de la masacre, en las que se retrataba a los pistoleros sin uniforme portando rifles y "cazando" a los estudiantes. Quizá la más recodada es la que captó a Andrés Chisin Coamatzin portando un rifle M-1 mientras se resguardaba en una de las columnas del Portal Hidalgo. En otras placas se aprecia a los paramédicos de la Cruz Roja bajando los cuerpos de los estudiantes caídos en la azotea del Carolino, para lo cual utilizaron las ventanas del Paraninfo, lugar que, al día siguiente, recibiera los cuerpos inermes de los cuatro universitarios para ser velados.El 2 de mayo de 1973, lejos de condenar la masacre o de rendir una explicación sobre los sangrientos hechos, el ex gobernador Gonzalo Bautista encendió aun más la confrontación al declarar: "Controlaremos todos los actos de subversión y vandálicos con tiros" (El Sol de Puebla, 02/05/73). Y con frialdad agregó: "La policía está debidamente armada, por lo que repelerá con energía cualquier acto que pretenda romper el orden y la paz social... La policía tiene órdenes de matar de un tiro al que atente contra la paz pública". Los familiares aún lloran a sus muertosDamiana çvalos Rodríguez conoció a Alfonso Calderón Moreno en la preparatoria nocturna Benito Juárez en 1968. El 12 de febrero de 1971 celebraron su matrimonio civil. Procrearon una hija, que a la muerte de Calderón contaba con sólo un año de edad y quien siete años después falleció. Damiana, mejor conocida como "Nany", relata los últimos días al lado de su esposo, a quien describe como "un hombre de fuertes convicciones" y preocupado por la situación social de la época: "Esos días fueron muy difíciles; nuestra hija tenía un año cuando Alfonso tuvo que irse a vivir al Carolino. él tenía sus ideas y yo las entendía. Alfonso estaba en contra de los abusos que cometían con los obreros y los campesinos, y defendía firmemente el movimiento universitario. No sé qué idea tengan de él; no era intransigente ni radical y sabía escuchar", expone.Como prueba de las convicciones de Calderón, Nany narró a La Jornada de Oriente un suceso poco conocido. Días previos al 1 de mayo, Carlos Marneau çvalos, dueño de impresos Marno y tío de Nany, llegó a la Procuraduría. Por casualidad, se percató de que en un escritorio había un libro con las fotografías de muchos jóvenes. Se trataba de los universitarios contra quienes el gobierno tenía órdenes de aprehensión. "A mi tío le llamó la atención la fotografía de Alfonso. Esa foto es de mi sobrino, le dijo mi tío al procurador Raymundo Zamudio, quien era su amigo". Zamudio le ofreció protegerlo y le pidió que aconsejara a Alfonso salir de la ciudad unos meses, en tanto se apresaba a los demás. "Dos días antes del 1 de mayo, mi tío le contó a Alfonso la propuesta del procurador, pero se negó rotundamente a abandonar la ciudad. Dijo que no se vendería".Ante las órdenes de aprehensión que existían en su contra, y como una forma de evitar que fueran apresados al salir de sus casas, varios universitarios decidieron irse a vivir al Carolino. Jorge Sánchez Zacarías, Jorge Méndez Spínola y Alfonso Calderón Moreno compartían un salón del segundo patio del Carolino. En el día funcionaba como la Dirección de Bibliotecas, y por las noches era su dormitorio.Jorge Sánchez Zacarías asegura que la noche del 30 de abril de 1973 Alfonso Calderón presintió su muerte: "A medianoche Alfonso y yo jugábamos ajedrez, mientras Jorge Méndez leía un suplemento dominical con caricaturas de Tarzán. A Jorge Méndez le ganó el sueño y comenzó a hablar dormido. Alfonso y yo reímos, pero de repente se puso serio y me dijo: "Si algo malo me pasa, quiero que me laven los dientes, no quiero irme con los dientes sucios".Al día siguiente, después de que los médicos le informaran que su esposo había fallecido, Nany recibió las pertenencias de Alfonso: un peine, un pañuelo negro y un cepillo de dientes ensangrentado.Amalia Romano García aún llora el asesinato de su hijo Ignacio Enrique González Romano, a quien recuerda como "un chico cariñoso y un estudiante ejemplar". Entrevistada por este diario en una fonda de su propiedad, llamada "Bajo el cielo de Arriaga", doña Amalia recuerda la última mañana que vio con vida a su hijo: "Ese día salió muy temprano a la universidad para entregar las llaves de su salón y prometió que regresaría pronto". Doña Amalia no supo más de él hasta las 2 de la tarde, cuando su esposo le informó que Enrique había muertoLa pérdida de Enrique les provocó un dolor enorme, a tal grado que su padre, Jacinto González Pinto, murió nueve meses después. "Todos los días visitábamos su tumba. Una tarde, después de regresar del panteón, Jacinto se puso mal. Murió de una pulmonía fulminante".Después de 30 años, Nany y doña Amalia siguen llorando a sus muertos. Ambas dicen que el gobierno de Bautista los asesinó, pero dudan de que se haga justicia.

Represión y violencia en los años previos a la matanza

La matanza del 1 de mayo de 1973, en la que fueron asesinados los activistas universitarios Alfonso Calderón Moreno, Enrique González Romano, Víctor Manuel Medina y Norberto Suárez Lara, se inscribe en la historia de Puebla como la culminación de la política represora impuesta por el gobernador Gonzalo Bautista O'Farrill y promovida por los sectores más radicales de la derecha poblana en contra de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) y su lucha por la democracia y las causas sociales.Después de aquel fatídico 1 de mayo, Bautista O' Farrill se mantuvo en el poder sólo siete días. El 8 de mayo del mismo año presentó su renuncia a la gubernatura del estado. Aunque su paso por el poder fue corto, de apenas un año y 24 días, este periodo se recuerda como el de mayor represión y violencia en Puebla.Los hechos de mayo, en los que hubo más de una decena de heridos y otros tres transeúntes resultaron muertos, ocurrieron en el marco de una ciudad en completa ebullición política y social.Por un lado estaba el movimiento estudiantil de reforma universitaria, cuya lucha se centraba en rescatar a la UAP del oscurantismo clerical y conservador que la dominaba, para dar paso a los avances democráticos y científicos y por otra parte había una escalada de diversos movimientos sociales que, ante la cerrazón gubernamental y el caciquismo conservador, buscaban una válvula de escape, y que veían en la universidad el único canal de apoyo y expresión libre.Todo ello, aunado a la indignación que imperaba en la universidad y diversos sectores de la sociedad por los arteros asesinatos de los líderes universitarios Joel Arriaga Navarro y Enrique Cabrera Barroso -registrados apenas unos meses antes- mantenían a la sociedad poblana polarizada y a los estudiantes enfrascados en un abierto enfrentamiento en contra de las políticas represivas de Bautista y de la derecha poblana que lo patrocinaba, y que en la universidad se expresaba en grupos como el Frente Universitario Anticomunista (FUA).Pero, en opinión de los universitarios de la época, los homicidios de Arriaga y Cabrera -ultimados el 20 de julio y 20 de diciembre de 1972, respectivamente-, lejos de debilitar y "descabezar" el movimiento estudiantil, "como pretendía el gobierno al seleccionar y planear cuidadosamente tales asesinatos", lo fortalecieron y atrajeron mayores simpatías.Las causas sociales encuentran eco en la UAPEl movimiento estudiantil de entonces se volcó a las causas populares y sociales, recuerda el perredista y ex líder universitario Jorge Méndez Spínola. En su búsqueda por vincularse con la sociedad, la UAP apoyaba los movimientos agrícola, ferrocarrilero y obrero que estaban en ascenso y que se agrupaban en el Frente Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular (Focep).Una de las explicaciones de por qué la universidad adquiere ese papel político tan intenso en aquellos años la da el ex director de la Facultad de Economía Jaime García Barrera: "La razón es simple: el gobierno cerró la discusión a las opiniones diferentes y reprimía la disidencia; no había canales de expresión democrática. Los movimientos populares sólo encontraron apoyo en la universidad. De ahí su papel tan relevante y el por qué se vuelve blanco de los ataques gubernamentales y conservadores".Otro elemento que se añadió a este "hervidero social", apunta Méndez Spínola, fue el hecho de que el gobierno estatal amenazara constantemente a la institución con recortar el subsidio, lo que arreciaba aun más la confrontación. "La atmósfera era de permanente represión y el gobierno, sin ningún pudor, utilizaba todos los instrumentos de la fuerza pública para acosar a los estudiantes".Meses previos al 1 de mayo, la gestión de Bautista O' Farrill y los miembros de la derecha ya habían declarado su propia guerra en contra del movimiento estudiantil por pretender la reforma universitaria, por sumarse a los movimientos sociales y populares de entonces, y por tener como rector a un abierto militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), el químico Sergio Flores. Dos son los hechos que una y otra vez repiten los universitarios y que, en su opinión, son prueba fiel de la abierta represión que existía en su contra: uno de ellos se expresó el 18 de octubre de 1972 durante un mitin en el zócalo de la ciudad, en el que Bautista O' Farrill ordenó al entonces procurador Raymundo Zamudio encarcelar a los comunistas. La lista que de viva voz leyó y entregó al procurador la encabezaban Luis Rivera Terrazas, Sergio Flores, Alfonso Vélez Pliego y Jaime Ornelas Delgado, entre otros.Se recuerda también que en una ceremonia oficial en la que el gobierno entregó armamento nuevo a la policía el gobernador aprovechó para amenazar a los universitarios y declarar abiertamente que "las armas no son para lucirse, sino para usarse".No a la guerrillaUno de los argumentos que el gobierno de Bautista O'Farrill y los grupos conservadores enarbolaban para legitimar los ataques en contra de los universitarios se enfocaba a convencer a la opinión pública de que se trataba de estudiantes "alborotadores, violentos y comunistas". Una de las versiones que hizo correr la gestión de Bautista después de la masacre del 1 de mayo de hace 30 años fue expuesta por el entonces procurador, Raymundo Zamudio, al día siguiente de los sangrientos acontecimientos: "Pediremos oficialmente al rector de la Universidad Autónoma de Puebla que entregue a las autoridades a los miembros de los llamados comités de lucha, quienes fueron los que en forma directa indujeron a los estudiantes de la Preparatoria Popular a tomar las armas y dirigirse a la azoteas del Carolino con el pretexto de que la policía iba a tomar el edificio" (El Sol de Puebla, 02/05/1973).Un día después y desde entonces los universitarios han rechazado tal versión. Han acusado a la administración de Gonzalo Bautista de haber orquestado y encabezado el ataque a la universidad, para lo cual colocó francotiradores en las azoteas de inmuebles cercanos al edificio Carolino, desde donde se "cazó" a los estudiantes con el único propósito de darles un "escarmiento ejemplar" y así, de una vez por todas, terminar con el movimiento universitario.Algunos universitarios de la época, como Jaime García Barrera, no rechazan del todo el hecho de que algunos estudiantes estuvieran armados aquel 1 de mayo: "Era tal el ambiente de acoso y represión del que éramos presa que algunos compañeros habían optado por cargar pistola para defender su vida. Pero eso se hacía de forma individual, cada quien bajo su responsabilidad, nunca de manera organizada. Obviamente, no contábamos con armamento, como acusaba el gobierno". "Nuestras armas eran piedras, palos, bombas molotov, y para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos utilizábamos paños con vinagre. La prueba de que carecíamos de armamento fue que todos los muertos estuvieron del lado de los estudiantes", expresa por su parte Rosa María Avilés Nájera, profesora de la preparatoria popular Emiliano Zapata en ese entonces."Fue precisamente por su carácter pacífico y su convicción por la lucha democrática, basada en las movilizaciones, que el movimiento estudiantil de la UAP tuvo éxito y arraigo entre la población", planteó García Barrera. "A pesar de que en ese entonces la guerrilla se encontraba en auge y se manifestaba en ciudades como Monterrey, Guadalajara y Guerrero, el movimiento estudiantil de Puebla nunca vio en las armas una posibilidad de avance. Nuestra fuerza eran las movilizaciones de masas y las marchas en las calles".Jorge Sánchez Zacarías, hoy rector de la Universidad Cristóbal Colón y activista de entonces, agrega: "La actitud represiva de Bautista hacia el movimiento estudiantil fue un tema de conocimiento nacional, tanto que un grupo de guerrilleros provenientes de Michoacán se trasladó a Puebla con el único propósito de defender el edificio Carolino"."Hablamos con ellos y tratamos de convencerlos de que ésa no era nuestra lucha. Les dijimos que nosotros apostábamos por la lucha democrática, por las movilizaciones y el apoyo de la gente. Les dijimos que respetábamos su postura, pero que no podíamos aceptar su intervención. Finalmente se marcharon".Melquiades Morales y supapel en la investigación30 años han pasado después de la masacre del 1 de mayo, tres décadas en las que no existen culpables oficiales. Los responsables disfrutan de la impunidad.Aunque para los universitarios y familiares de los estudiantes fallecidos en la refriega existen diversos elementos y pruebas que señalan al ex gobernador Gonzalo Bautista y a los grupos conservadores que lo apoyaron como los responsables de la matanza en el Carolino, así como de los homicidos de Joel Arriaga y Enrique Cabrera, hasta el momento no hay ningún avance legal en las investigaciones, e incluso hay intentos por dar carpetazo a los asuntos.A la omisión y negligencia de las autoridades judiciales del estado se añade la negativa del gobernador Melquiades Morales Flores a revivir e ir al fondo de tales acontecimientos. Dos días después de que universitarios y representantes de la izquierda exigieran el esclarecimiento del homicidio de Joel Arriaga, a 30 años de su muerte, el mandatario declaró que reiniciar las indagatorias del caso reavivará pugnas entre grupos políticos y propiciará división entre la ciudadanía; "hay asuntos que tenemos que contener ahí donde están y no revivir viejas cuentas, viejas querellas". (La Jornada de Oriente, 23/07/02). Y abundó: "Un aspecto es la ley y otro aspecto es la situación social y política que se vive en el estado. Hasta este momento es de tranquilidad, de armonía, y yo creo que esos asuntos nos dividen más, enrarecen el ambiente, porque todavía hay algunos actores políticos vivos, tanto de uno y de otro grupo, que en lugar de ayudar a mantener la calma y la tranquilidad poblana nos friccionan unos a otros (sic), nos dividen".Esa postura ha sido severamente criticada por los activistas que vivieron la represión gubernamental durante la gestión de Bautista. Miguel Calderón Moreno, hermano de Alfonso Calderón Moreno, acusó que Melquiades Morales junto con Gonzalo Bautista y su entonces procurador, Raymundo Zamudio Muñoz, son "delincuentes de Estado".Recordó que Morales Flores tuvo un papel fundamental en la ascensión de Bautista al poder, ya que el 14 de abril de 1972, como diputado local, lo propuso para ocupar la gubernatura interina del estado. "He ahí la razón por la que no se investiga los hechos. Es por eso que no avanza la investigación de los asesinatos, porque Melquiades Morales está involucrado y forma parte de esa misma esfera de poder".Jaime García Barrera, ex profesor de la Facultad de Economía, expuso: "El gobernador Melquiades Morales, al igual que sus antecesores, pasará a la historia como cómplice de la impunidad, al negarse a investigar los asesinatos. No se distinguirá como un mandatario demócrata interesado en que los responsables obtengan su castigo. Espero que reflexione y asuma una actitud distinta en el tiempo que le queda".Alfonso Vélez Pliego, perseguido político de la época y quien llegara a ser rector de la UAP, señala: "La postura del gobernador se explica en función del grupo político al que pertenece. Su propósito es que se olvide todo y que los culpables permanezcan en la impunidad. Eso es totalmente inadecuado. Son encomiables las exigencias para que se esclarezca los asesinatos, pero está claro que no hay voluntad política del gobierno para hacerlo".Jorge Sánchez Zacarías agrega: "No hay avances judiciales, después de 30 años, porque se trató de asesinatos de Estado. Hasta hoy ningún gobernante ha sido enjuiciado por este tipo de crímenes. Si el gobernador no quiere investigar es porque su propio grupo político tendría que ser enjuiciado".

Omisión y negligencia en las investigaciones

Tres décadas después de los acontecimientos del 1 de mayo de 1973 nulos y ofensivos resultan los avances en las indagatorias realizadas por las autoridades estatales y federales en torno a tales hechos. Omisión, negligencia, encubrimiento e intereses políticos son las constantes en las investigaciones de la matanza que en aquel entonces generó indignación nacional y que derivó en la renuncia del gobernador Gonzalo Bautista O'Farrill.Y pese a que tres días después de la matanza el presidente Luis Echeverría çlvarez envió a Puebla al entonces subprocurador general de la república, Manuel Rosales Miranda, como responsable de emprender las investigaciones correspondientes, hasta la fecha se desconoce los resultados. Es más, la actual Procuraduría General de la República ha negado a la Fiscalía Especial para Movimientos Políticos y Sociales del Pasado (FEMSPP) que existan antecedentes de dicha indagatoria en sus archivos.Miguel Calderón Moreno, hermano de Alfonso Calderón, censuró que ni las autoridades estatales, a través de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) y más recientemente la FEMSPP -esta última tiene un año investigando los hechos- no entreguen resultados al cumplirse 30 años de los asesinatos de los universitarios victimados en la guerra sucia de los setenta. El ex activista -quien vivió en carne propia la represión de gubernamental de la época, primero al ser encarcelado a los 17 años a finales de 1972, sin motivo aparente y sin mediar orden de aprehensión, y después al sufrir el asesinato de su hermano- insistió en acusar al gobernador Melquiades Morales Flores de ser el responsable de que no haya avances en las indagatorias, "por pertenecer al mismo grupo político del ex gobernador Bautista".Por lo que respecta a la actuación de la procuraduría, Calderón refirió que desde el 20 de julio de 2001 -fecha en que un grupo de universitarios solicitó a la dependencia que diera a conocer el estado que guardan las averiguaciones previas iniciadas con motivo de los asesinatos de Joel Arriaga Navarro y Enrique Cabrera Barroso, así como de la matanza del 1 de mayo- la PGJ se ha negado en reiteradas ocasiones a responder a dicha petición. Las deficiencias que la PGJ ha observado en la investigación de estos casos han sido señaladas incluso por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla (CDH), institución que el 19 de marzo pasado envió la recomendación 009/2003 al procurador, Héctor Maldonado Villagomes, en la que se señala "omisión, negligencia y lentitud por demás inexplicable, lo cual ocasionó una notoria violación a los derechos fundamentales de los deudos". Ante la negativa de Maldonado Villagomes de informar sobre el estado de las investigaciones de los universitarios asesinados -al argumentar que Miguel Calderón "no representa a la parte ofendida", y además no ha proporcionado los números de las averiguaciones requeridas-, el entrevistado interpuso el amparo 1128/2002 ante el Poder Judicial de la Federación con el fin de que el procurador responda a su petición. Sin embargo, Maldonado Villagomes no ha contestado la orden girada por el Juzgado Tercero de Distrito, incurriendo así en un delito federal, aseguró Calderón.Asimismo, lamentó que tras un año de que la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado recibiera la denuncia para investigar los homicidios de Joel Arriaga, Enrique Cabrera y la matanza del 1 de mayo, los avances sean inexistentes. Agregó que durante la audiencia que sostuvo el pasado 10 de abril con María del Carmen González, agente del Ministerio Público de la FEMSPP con el fin de ampliar sus declaraciones, pudo percatarse de que los funcionarios de la fiscalía "ni siquiera han leído los expedientes de los asesinatos", pese a que se les entregó amplia documentación sobre los hechos desde el año pasado. Pese a la escasez de avances en las investigaciones de los asesinatos de la guerra sucia, Calderón Moreno reconoció pequeños logros después de 30 años:"Hemos logrado que la Comisión de Derechos Humanos condene la negligencia y la omisión de la Procuraduría en la investigación de estos casos. También se dio paso a que el Poder Judicial Federal haya intervenido, aun cuando el Juzgado Tercero de Distrito no ha hecho cumplir la ejecutoria de amparo para obligar al procurador a que rinda informes sobre las indagatorias", puntualizó."Y quizá lo más importante ha sido sensibilizar a la opinión pública, para evitar que en el futuro las diferencias políticas se diriman con represión, violencia y asesinatos, como ocurrió en los setenta", finalizó.

Bautista: "estoy dedicado a cuidar mi salud y la ecología"

La Jornada de Oriente buscó al ex gobernador Gonzalo Bautista O' Farrill para conocer su versión sobre los acontecimientos del 1 de mayo de 1973. Vía telefónica, con voz afable, respondió que todo lo relacionado con tales sucesos ya lo declaró ante las autoridades competentes, y agregó:"A mis 80 años estoy completamente dedicado a cuidar de mi salud. Hace un año fui sometido a una operación en la columna vertebral. Por desgracia, durante la intervención me atacó un virus que resultó inmune a los antibióticos, lo que me tuvo postrado durante casi un año con dolores tan fuertes que no se los deseo ni a mi peor enemigo", expresó. "Estoy saliendo adelante; ahora ya camino gracias a los tratamiento de los doctores Ruiz. Actualmente estoy dedicado por completo a cuidar mi salud y también a la ecología. Si usted quiere entrevistarme sobre eso, estoy a su disposición", finalizó.A continuación se rescata parte de las declaraciones de Gonzalo Bautista, quien fue citado por el Ministerio Público el 24 de enero de 2002 para ser interrogado sobre el asesinato del luchador universitario Joel Arriaga Navarro, publicadas por La Jornada de Oriente el 7 de mayo de 2002.En la foja 38 de la averiguación previa 123/2130/72/DMS-I-III se asienta que el ex mandatario creía que esto sucedía en la UAP en 1972: "Los estudiantes en aquella época para poderse inscribir en la escuela tenían que presentar su credencial de miembros del Partido Comunista, 200 pesos, 200 cartuchos y una pistola de cualquier calibre".En su declaración ante el Ministerio Público señala que intentó realizar en el estado "una labor constitutiva y progresista", pero: "Con todos sus esfuerzos se vieron obstaculizados por el grupo que capitaneaba el rector Sergio Flores, miembro del Partido Comunista".En el interrogatorio, Bautista agregó: "En aquella época fueron asesinados dos eminentes universitarios que pretendían llegar a la rectoría de la institución en sustitución de Sergio Flroes: el primero el arquitecto Joel Arriaga Navarro, y el segundo el ingeniero Enrique Cabrera Barroso, quienes fueron asesinados por arma de fuego, y el grupo violento apoderado de la universidad no se detuvo para inculpar inmediatamente al gobernador sin ninguna justificación, al inspector de la policía y al director de las fuerzas de seguridad, Antonio Reguero".